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Paz de Aquiii rán (Mayo de 1668) -España perdió las plazas de Oharleroi, Binch, Ath, Douai, Commines, Toarnay, Oudenarde, Lüle, Armentiérí s. CoLirtray, y F u n i e s (artículos 3, 4 y 8) En este mismo año Luis X I V y el emperador Leopoldo convinieron secretamente el reparto de la deca, dente monarquía española. La pérdida de Portugal es la más dolorosa de las sufridas por España, porque rompió la unidad nacional y dejó al reino sin su cabeza geográfica, que es Lisboa. Paz de Nimega (1678) -España perdió el Franco- Condado y varias plazas de Flandes, recibiendo en cambio otras en menos número y de menor importancia. Paz de Rysiviclc (1697) -España no perdió nada, porque Luis X I V restituyó casi todo lo conquistado desde la paz de Nimega, pero la única ventaja que logró fué la de ver acabada la guerra Dos motivos obligaron al rey de Francia á mostrarse generoso: la fuerza de la coalición europea contra él formada, y su propósito de apoderarse de casi toda la herencia de Carlos I I E s p a ñ a estaba en liquidación por primera vez. Puede asegurarse que se salvó por ser su existencia necesaria al mantenimiento del equilibrio europeo. Tratados de repartición del reina de España. -Además del que hicieron Leopoldo de Alemania y Luis X V I hizo éste otros dos con Guillermo de Inglaterra (11 de Octubre de 1698 y 3 de Marzo de 1700) Paz de Utrecht (1713) -España perdió Gibraltar y Menorca, los Estados de Flandes y todo cuanto poseía en Italia, más la colonia del Sacramento en América, cedida á Portugal. Tratado de París (1763) -España perdió el derecho de pesca en las aguas de Tt rranova y cedió á Inglaterra la Florida, el fuerte de San Agustín y Pensácola. Francia nos cedió la Luisiana y Nueva Orleans. Poco tiempo estuvieron en nuestras manos. Tratado de Versalles (1783) España recobró la isla de Menorca y la Floridas. Estas también por muy poco tiempo. Los escasos frutos de los tratados de París y Ver. alies (pues sólo la reconquista de Menorca se debe reputar ventaja considerable) -costaron á la nación i n m e n s i s sacrificios y trajeron aparejadas las más funestas consfcuencias. Paz de BasHea (1795) -En este tratado perdió E s p a ñ a lo que la quedaba. de la isla de Santo Domingo. Tratado de San Ildefonso (1800) -España cedió á Francia la Luisiana. Paz de Amicns (1802) E- paña perdió la isla de la Trini iad, que cedió á Inglaterra. Pérdida del continente americano (1810- 182- 5) -Esta desmembración de la monarquía española redujo la extensión del territorio de más de 17 millones de kilómetros cuadrados á bastante menos de uno. E n América sólo nos quedaron Cuba y Puerto Rico. Asegúrase que éstas laí perd- remo. í j u n t a m e n t e con las Marianas y Carolinas en la paa con los Estados Uniílos. Si así sucede (y es m- iy probable) la caarta y última desmembración h. ibrá reducido al territorio español, suponiendo que se salven las Filipinas, á la sexagésima parte próximamente de lo que fué en la época de la mayor randeüa de nuestra patria. Las siguientes figuras expresan gráficamente la difdrencia de maguiíud de E s p a ñ a en las p; iuc! pales etapas de su decadencia; EMPANA DESPUÉS dela 3 DESMEMBRAüÓN r pERpiDA OELCONJINENTE AMERICANO FROXIMAPA 4 0 E 5 MEMBRACI 0 N I a continuidad de nuestra decadencia prueba la antigüedad y persistencia de sus causas. Pierden miserablemente el tiempo los partidos políticos al culparse unos á otros. Lo cierto es que u n a vez cumplida por España la misión descubridora y colonizadora que la Providencia la impuso, quedó agotada y enferma, y que mientras no tenga otra misión que cumplir y plena conciencia de ella, segtiirá la enfermedad. U n pasado malo (el de los dos últimos siglos) ha engendrado u n presente peor. El porvenir hemos de hacerle nosotros mismos. Dios sabd á costa de cuántos tra bajos y sacrificios, y empezando por caer en la cuenta del peligro que corremos. A este modo de pensar llaman algunos pesimismo, pretendiendo sostener aún la ficción de que todo va bien y que apenas experimentamos pasajeros contratiempos. El optimismo español contemporáneo es uno de los síntomas patológicos más desconsoladores que se advierten en el pobre enfermo de Occidente. Parece satisfacción de tísico desahuciado, y si pronto no la sacude lejos de sí, podrá ser, como en el tísico, precursora de la muerte. Estamos ma, valemos poco, y si no lo confesamos para empezar á corregirnos, pronto estaremos peor y no valdremos nada. G. REPARAZ riEUJOS DE BLANCO CORIS