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EL IMPERIO ESPAÑOL LO QUE FUÉ Y LO QUÉ RESTA Hablase dé la paz con los Estados unidos. Sea ó no cierto lo que dicen los periódicos, es indudable que á esa paz llegaremos pronto y con grave dafio de nuestros intereses. Esperar otro resultado habiendo ido tan mal encaminados nuestros asuntos desde sus comienzos hasta el desdichado estado en que se hallan, sería error indisculpable. Los días de las grandes desventuras son también los de las hoíidas meditaciones, así para los hombres como para los pueblos. Elque viéndose á dos df dos de su pérdida no se detiene á indagar las causas que en tal trance lé han puesto, y hasta procura ocultarse á sí mismo los rigores de la situación presente, asustado de ella, seguramente no se salvará. No lo merece. A la pobre España, vencida arruinada y mutilada, le es más necesario este examen de las cosas que jamás lo ha sido á ninguna otra nación del mundo, porque ha vivido de ilusiones, engafioa y ensueños hasta el actúa! momento de despertar, y si ahora no vuelve en eí del todo, bien puede ser que despierte en la Historia, la eternidad de los pueblos. Por virtudes propias y por ventajas que la ocasión y lá Naturaleza la otorgaron, llegó á ser la más poderosa de las naciones. Por degeneración de muchas de aquellas virtudes y pérdida de las ventajas, producida por un cambio radical en la vida de la humanidad, cayó en la lastimosa decadencia comenzada hace dos siglos y medio, y nunca detenida á pesar de los esfuerzos hechos. Los tratados de paz firmados desde la primera mitad del siglo XVII son otros tantos peldaños de la escala que hemos ido bajando. Tengamos la serenidad de contemplarlos, porque tal vez es ésta la única manera de aprender á subirlos de nuevo. Felipe 11 es el monarca que más vasto imperio ha gobernado. Al hacer la unidad nacional en 1580, reunió bajo su cetro, ademaste los Estados de Italia y Flandes, todo el continente americano desde California á la Tierra del Fuego; el litoral de África desde Oráa hasta el golfo de Aden, pasando por Marruecos, el Congo y el cabo de Buena Esperanza; el de Asia, desde Arabia hasta el- Japón; el Archipiélago malayo y las islas descubiertas en el inmenso naar del Sur. Los dominios ultramarinos de Portugal no eran menos extensos que los de Castilla y Aragón, y juntos aventajaban al gran imperio británico de nuestros días, si bien no podían comparársele eñ la cohesión entre sus diversas partes, ni en los medios de mantenerla, ni menos aún en la efectividad de la posesión. Por causas que no son de este lugar, pero de las cuales conviene decir que fueron más económicas y geográficas que políticas (contra lo que comunmente se dice y escribe) el coloso fué perdiendo fuerzas hasta quedar reducido en pocos años á la mayor debilidad y estenuación. Cada uno de los tratados de paz que de entonces á hoy ha hecho, le ha quitado un pedazo de territorio. Una sucinta enumeración de ellos bastará para probarlo. Pag de Munster ó de Westfalia (1648) -España perdió las Provincias Unidas, cuya independencia reconoció al cabo de ochenta años de guerra. Este reconocimiento es la primera confesión de impotencia. Faz de los Pirineos (1659) -España perdió los condados de Kosellón y Conflans; todo el Artois; numerosas é importantes plazas en Flandes; los derechos de Felipe IV á la Alsácia (artículos 38 á 48) El rey de Francia se com prometió á no auxiliar la rebeldía de Portugal, obra principalmente de su política, pero no lo cumplió. Tratado de Lisboa Fehiero de 1668) -España perdió el reino de Portugal, cuya independencia reconoció; con el reino se separaron sus inmensas posesiones, menos Ceuta.