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Se halla en esta capitalDon Verano Abrasador, y aprieta en Madrid igual que aprieta en el Ecuador y aprieta en el Senegal. En la calle le tenéis desde que amanece Dios, y estos grados contaréis: sombra, unos cuarenta y seis; sol, unos cincuenta y dos. Ni comer ni respirar puede un ciudadano aquí. Imposible averiguar dónde iremos á parar si la cosa sigue asi. Hay un caso de excepción: dentro de la situación, el Ministerio asegura que disfruta nnafrescura impropia de la estación. Están saliendo atestados todos los trenes del Norte. Sólo, al fuego condenados, se quedarán en la Corte unos cuantos desgraciados. Han salido para Trillo los marqueses del Bombillo, y han salido para Elorrio la condesa del Cimborrio y el duque del Zanganillo. A las Navas del Marqués se ha marchado en el exprés el barón de Chinchinati, y la viuda de Quülati salió para Leganés. Según la prensa oficiosa, se tueron los más pudientes, y aquí, en la villa famosa, quedan los incandescentes, por no decir otra cosa. Los poetas de secano. Los que chupan del Gobierno con la nómina en la mano. I Los autores de verano y los toreros de invierno! Esa desdichada gente á la que el Omnipotente le dijo: Í TÚ no saldrás, y en Madrid lo ganarás con el sudor de tu frente I Yo, limpiándome el sudor, grito mirando hacia el Norte: IDon Verano Abrasador, hágame usted el favor de marcharse de la Corte! Aunque con profunda pena llora el Arte en un rincón, en la pasada decena han tenido aceptación dos obras sobre la escena. La batalla de Tetuán, en Eldorado librada no sin trabajo ni afán. ¿Una batalla ganada? I Qué milagro! me dirán. Pues salieron los autores con aire de triunfadores, y aplaudieron los morenos, pese á los reventadores que asisten á los estrenos. La otra zarzuela estrenada en la semana pasada es una obra muy bonita. Se titula La Chiquita de Nájera. ¡Una monada! Creó la Loreto Prado un tipo muy acabado; por eso el éxito fué mayor, si cabe, que el de La batalla de Eldorado. La música, ¡qué alegría! Ellibro no tiene fin! (La batalla á que aludía es de Palacios- Perrín, y la de Nájera ¡es mía! El ver las dos te interesa; así, lector, juzgar puedes. ¡No hay muchacha tan traviesa como La Chiquita esa que hizo un servidor de ustedes. JOSÉ J A O K S O N V E Y Á N