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desastre nacional semejante al que aquí padecemos. Sobrado conocida y popularizada estos días por los diarios la biografía de Bismarck, juzgamos preferible á la repetición de fechas y datos aquellos detalles de su vida íntima que pueden ser más curiosos é interesantes para el lector que las fases de la vida política y militar del Canciller de hierro. Bismarck, desde que se engolfó en las cuestiones de Estado y asumió el cargo de gran canciller del imperio, consagró por completo su vida al desempeño de su cargo, compartiendo su tiempo entre los trabajos ministeriales y el Parlamento, consagrando á su familia los momentos de reposo. No frecuentaba la sociedad ni recibía en su casa nada más que á los diplomáticos y á los miembros importantes del Parlamento. Habitaba el palacio de Radviwih, al que se penetraba por un gran jardín; á la derecha del vestíbulo estaba la antesala de su despacho, y era éste una gran pieza desprovista de todo lujo y con los muebles indispensables para la comodidad. El canciller se levantaba muy temprano, daba un paseo por el jardín acompañado de su perro favorito, del que no se separaba nunca, yvdespués de fumar una pipa entraba en su despacho y comenzaba el trabajo. Las comidas las hacía todas en faínilia y sin convida ios extraños, dedicando el mayor tiempo á ía cena, en la que invertía dos horas. Bismarcktuvo. siempre gran afición á los perros, y nunca estuvo sin tener uno favorito. Los más famosos fueron Sultán, que murió de viejo, y Tiros, que le sucedió durante todo el tiempo que ocupó el poder. BrSMAECK EL CANCILLER DE HIERRO Del Moderne Kimsi BISJIAECK BL EETIKADO DE FEIKDEICHSRUHE El perro favorito paseaba con el canciller y le seguía á su despacho, echábase á sus pies mientras el amo trabajaba, y los visitantes del príncipe sabían que no debían en sus conversaciones levantar mucho la voz ni hacer ningún ademán molesto, porque el fiel lebrel protestaba en seguida. Bisparck dormía poco, pero su sueño era reposado y profundo, levantándose á las pocas horas de permanecer en la cama con la cabeza completamente despejada. Le gustaba la alimentación sólida y desprovista de primores culinarios, siendo los manjares que se servían en su rüesa los habituales en la clase media de Alemania. Este carácter de burgués acomodado sin ningún esplendor de gran señor fué el que siempre tuvo, contribuyendo mucho á ello los gustos sencillos de su esposa. Esta tenía en la corte el primer puesto entre las princesas nó pertenecientes á la familia real, pero sólo iba á Palacio en las grandes solemnidades, vestida con mucha sencillez, por regla general con trajes de raso blanco y muy pocas joyas; no frecuentaba la sociedad aristocrática, complaciéndose en hacer la vida de una señora modesta. Durante los últimos ocho años ha vivido el insigne canciller de Guillermo I en un recinto falto para él de ambiente, y así se explica sus arrebatos de mal humor, sus protestas y hasta ciertos conatos encaminados, al parecer, á destriiir la gigantesca obra que su genio logró llevar á término, gracias á la docilidad del bondadoso Guillermo I y, de los ilustres generales y políticos que tan eficazmente secundaban los planes del restaurador del imperio germánico.