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Indudablemente, los bptines del señor ministro de Estado sostenían animado diálogo en una silla y en caste- llano mondo y lirondo, lo cual prueba que, á pesar de su corte elegantísimp, no tenían de ingleses ni una hilacha. Pero tamipoco era obstáculo su baja condición para ser corteses y circunspectos, hasta el punto de hablar quedo con el fin de no turbar el profundo sueño de Su Excelencia. -Tienes razón, compañero; nuestro amo ha cambiado de vid totalmente. -Para mí todo es nuevo, hasta el coche; mejor dicho, el coche es viejo y siempre el mismo. Buena diferencia de los de antes! -En cambio salimos más. -Pero siempre á las. mismas horas y á los mismos sitios. -Yo, en, cuanto el criado me abrocha por las mañanas, ya sé á dónde vam, os. -Y yo también: al coche; nos apeamos en aquel portalón de piedra, atravesamos aquel patio grande que también tiene el pavimento de piedra, subimos aquellas cuatro escalerillas y vamos á parar debajo de aquella mesa con las patas descascarilladas- -Justo; y allí estamos cuatro horas. -Pero te habrás fijado en que entran muchos hombres y ninguno se sienta- -Es verdad. -Y en que á loa dos minutos nos vemos cubiertos de papelitos y de pedazos de balduque- -Enetecto. -Además, el otro día me cayó encuna un bulto que parecía un expediente. Por cierto que elSr. Duque debió ver las mismísimas estrellas, porque encogió la pierna y me apretó con la mano. -Señal de que le dolía. ¿Y qué? -Que por todos estos detalles, se me figura que á donde vamos todas las mañanas es á una oficina. ¿Tú crees que á nuestro amo le habrán dado un destino de cuatro mil reales? -1 Calla, animal I Parece mentira que seas compañero mío, aunque izqüierdol... ¡Qué quieres! todos no podemos ser botines derechos. -Lo que le han hecho á nuestro amo es ministro; rae lo da este botón. MinistroI ¡Qué honra para sus botines! -Lo que oyes; tú no sabes dónde le aprieta á nuestro amo el zapato. -Yo te aseguro que éste de este lado no le aprieta. -Bueno, pero le aprieta éste. Miñistro! ¿Qué te extraña? Yo no, sé cómo andará nuestro amo de cabeza.