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A V Personnjes: EL, LA, ÉL. -Mmiea bailable durante el diálogo. ELLA. -Ya me ha mirado usted bastante. ¿Se le ocurre á usted algún piropo nuevo? Porque si empieza usted con los de costumbre, es inaguantable. EL. -No; ahora no la miraba á usted, es decir, á ELLA. -Sí, á la cara Lo había notado. Miraba usted el vestido. ¿Qué le parece á usted? ÉL. -Que es usted incomprensible. ELLA. Ahl Porque reflexiono. Usted el otro día me describió este mismo traje, que usted consideraba elegantísimo. Fíjese usted, es el mismo: rosa pálido, rosa té con visos amarillentos, guarnecido con piel de nutria y cubierto todo por ún tul finísimo con ramas de cardo tejidas con oro en el mismo tul. ¿No es eso? ¡Y que no estaba usted chistoso convertido en modisto, ni Félix, ni Doucetl ÉL. -Era un traje que yo había visto ELLA. -Ya supongo que no lo ha inventado usted. Es precioso. ÉL. -Entonces sé burló usted de mí; dijo usted que serla una facha ELLA. -Y al otro día escribí á mi modista, y aquí lo tiene usted exacto. Oreo que no falta detalle. Y usted, en vez de agradecerlo y de admirar mi complacencia, todavía no me ha dicho usted si me va bien ó mal. Porque, en fin, me he prestado á ser obra de arte de usted, á que viera usted su pensamiento interpretado por mi Yo no sé la parte