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LA MOSCA DE ORO ¿Sabéis dónde nació la Pulgarcilla? ¿dónde vivió Caperucita encarnada? ¿Conocéis la región maravillosa en que moran los silfos y las hadas y los corazones sencillos? Pues allí, ya á lo último, tenía Floro su casa, su mujer y su hija. Un sendero medio oculto entre la hierba iba desde el jardín hasta; el bosque, y después del bosque empezaban otras tierras pobladas por otras g: ente 8. Pero siendo la casa tan blanca y tan risueña, el jardín tan lindo tan dulcemente rumoroso el bosque y la mujer tan buena, ¿quién querría andar aventuras y pisar caminos extravif dos? Y el loco que lo hiciera, ¿no había de volver si le llamaba una yobeoita fresca y riénte, la voz de aquella hija, á buscar la alegría en su límpida mirada? Cogidos de a mano, Floro y Marta caminaban un día por el senderó, él con los ojos fijos en el suelo, ella lüirándole y llorando. La nifia salía de oasa detrás de ellos. Hablaba con los blancos jazmines, con las humildes margaritas; hablaba también con los patos, los pollos y los ánades que encerraba la cerca. Adiós 1 les decía. Tenéis que despediros todos y decir adiós cada cual como pueda. Vosotras, inclinad la cabeza y enviad vuestro aroma. Adiós! Vosotros no sois mudos; por un puñado de maíz armáis escándalo; bien podéis hablar hoy. Por la chimenea sale un penacho de humo la llama del hogar le envía para que salude Mirad los manzanos cómo niueven sus ramas. Adiós! Desde la fuente creyó la nifia que llegaba hasta ella una voz que decía; ¿Te vas tú, Blanca? ¿te vas de aquí? Y Blanca volvió junto á la fuente para contestarla: No. Es él el que se va, es padre; quiere encontrar la mosca de oro, y va muy lejos Yo siempre estaré con vosotros, y niadre también Esperaremos mucho mucho tiempo, y cuando vuelva, padre nó estará triste. Hacía mucho tiempo que padre estaba triste. Le habían hablado de la mosca de oro, a mosca inmortal y única, que vive cerca de las altas montañas y que lleva en sus alas todas las alegrías v todas las venturas. Con ella sabía Floró que revoloteábanlas hadas de la felicidad; sabía que al que la poseyera, las propias hadas venían á entregársele como servidoras. Y él había pasado tanto tiempo sin sospechar que podía ser dichoso, que una suave brisa podía llevar consigo todos los bienes de la vida! Desde que lo supo, la pura miel de las abejas era para él amarga, el verde bosque poblóse de duendes enemigos, las risas de su hija resonaban dolorosamente en eu corazón. -I Si has de morirte aquí, le dijo Marta, vete! Y aquel día se marchaba. Jazmines y margaritas quedaron balanceándose en sus tallos, graznaron los patos, toda la grey del corral lanzóse á la murmuración. De un vuelo huyó Blanca sendero arriba, y acudió á los brazos de su padre. Marta le besaba también llorando. ¿Por qué lloras? dijo Floro. ¿No ves brillar algo sobre mi frente? Pobre de ti, que no tienes esperanza! Y se entró en lo más espeso del bosque, y las dos pobres volvieron hacia casa. Y aquella noche, como otras muchas que siguieron, la madre no durmió y la niña soñó con que los ogros resucitaban y volvían á perturbar la tierra. Entretanto, Floro corrió tierras y tierras, y llegó por fin á Ja que buscaba. Sobre el suelo más árido y baldío, bajo un cielo cruel, sufriendo los vientos, armados de agujitas de hielo en el invierno y de llamas desoladoras en verano, sin un árbol ni una flor.