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De pronto el buque hizo un brusco movimiento y disminuyó considerablemente la velocidad. -Vea usted lo que ocurre, Gutiérrez, exclamó D. Paulino con afanosa voz. El oficial obedeció presuroso, tardando pocos minutos en regresar. -Mi capitán, una de las calderas se ha roto. ¡Válgame mi Patrónl ¡no hay remediol ¡Y cuando estábamos casi á salvo! En efecto, diez minutos después se distinguieron perfectamente á la luz de la luna dos grandes buques que á toda máquina avanzaban sobre el Arrojado, y momentos más tarde otros tres más. Brilló un fogonazo, se oyó el estampido de cañón, y un proyectil fué á sumergirse á pocos metros del vapor. -Nos mandan parar, capitán. -Eso desean; pero en tanto, que funcione la máquina Un segundo cañonazo disparó uno de los buques perseguidores, que cada vez se aproximaban más, y tras de aquel disparo otros más que hicieron averías de consideración al vapor. -Gutiérrez, que se reúna toda la gente á proa. No tardó en estar cumplida la orden. Bajó del puente el capitán, y con voz firme y entera dijo á todos: -Estamos perdidos; los que quieran implorar la vida á esos miserables, pueden tomar los botes. ¡Viva España! como un solo hombre exclamaron todos. ¡Viva, hijos! ¡Vamos á demostrar á esos cobardes cómo se entregan los hijos de nuestro suelo! Bajó la escotilla, subiendo pocos momentos después con un hacha de abordaje en la mano y echando sobre su hombro y agarrada con otra mano la roja y amarilla enseña de España. Arrojó al suelo el hacha, y desplegando la bandera subió al puente. -V- 1 El Arrojado quedó inmóvil. Los buques enemigos, considerando segura la presa, suspendieron el fuego de cañón. Suponían que se entregabí De pronto se sintió una sacudida, se notó que el buque se hundía. y íé a (A. 1- -fc -a j ¡C r ¡El que quiera huir, pronto á los botes! ¡He roto la compuerta de los estancos, y el vapor se hunde para no ser remolcado jamás! ¡Viva el capitán I gritaron aquellos valientes á una. ¡Viva España 1 contestó á su vez el capitán. Como si el barco sólo hubiera esperado aquel grito, se hundió rápidamente en el Océano. Algunas horas más tarde, sobre la saperficie del mar, iluminado por la luna, notaban los cadáveres de la, dotación del Arrojado j el de su capitán envuelto en la bandera nacional, con los ojos abiertos como desafiando al enemigo y la boca fruncida como lanzando el valiente grito de ¡viva España! A. LÓPEZ DEL ARCO DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINQA