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CRÓNICA DE LA GUERRA Notas de Filipinas E L MONET. La suerte de este caudillo y de las fuer- zas á ans órdenes ha inspirado serio cuidado al Gobierno y á la opinión, en vista dé las contradictorias noticias comunicadas por las agencias telegráficas. Suponíase al general en poder de los insurrectos tagalos y á su fuerza derrotada ó dispersa; mas afortunadamente, y hace pocos días, se supo que el general Monet estaba en Macabebe al frente de fueizas peninsulares y otras indígenas que se mantenían fieles á España. Posteriormente, y habiendo dejado su columna al mando de un coronel, el general Monet ha logrado ponerse en comunicación con el general Augustín, habiendo llegado á Manila acompañando á la esposa é hijos del general gobernador en su peligrosa odisea crazando las líneas insrrrectas y burlando el bloqueo de la escuadra norteamericana. E L TENIENTE VA- KL TICNIEJÍTE DK A R T I L L E R Í A D V V A L B R A DEFENSOR DK PUNTA SANGLEY LEBA. Glorioso episodio en el combate KL G E K B E A I MOÍs KT de Oavite forma la valerosa resistencia hecha por la batería de Punta Sangley contra toda la formidable escuadra norteamericana. Héroe de este episodio fué el teniente Valora, que al mando de dos piezas únicamente cañoneó á los acorazados de Dewey, siendo contestado por los barcos enemigos con fuego mortífero. Desmontado uno de los cañones, el teniente Valera siguió defendiéndose con el otro, hasta que ya peí dida la mitad de la fuerza emprendió con orden la retirada á Manila, mientras se hundían gloriosamente en la bahía los incendiados barcos de Montojo. El Sr. Romero Robledo, en eu último discurso pronunciado en el Congreso, relató en elocuentes términos esta acción heroica del bizarro te. niente de artillería D. Valentín Valera, que tan alto ha dejado en Filipinas el nombre del glorioso cuerpo á que pertenece. Los cañones de Punta Sangley fueron los únicos que hicieron algún daño á la escuadra yanqui; pero ésta concentró sus fuegos contra la posición española, po- niendo fuera de combate á la mitad de los artilleros y desmontando una de las piezas En etta situación, y dada la imposibilidad de seguir resistiendo, el teniente Valera inutilizó el cañón que le quedaba, hizo volar las municiones, y emprendió la retirada, siempre perseguido por las granadas de Dewey, que le hicieron 12 bajas antes de llegar á Manila. TR, iNcaEEAS TAGALAS. Los rebeldes de Aguina, ldo, aumentados de día en día por nuevos, voluntarios y por las repetidas deserciones de soldados indígenas, rcdean á Manila en número fabuloso. La capital del Archipiélago nó ha llegado á rendirse, á pesar de su difícil y crítica situaciÓD ¿jiya gravedad ha aumentado com- ideiablemente con la llegada de la primera expedición de refuerzos yanquis. Fác- l es, según parece, que este hecho pueda dar lugar á una nueva lucha que favorecería nuestra situación en el Archipiélago, porque según 6- e dice, los tagalos han llevado muy Á mal, p r odios de raza, que les refuerzos enviados por la Gran Eepública como aliados de Aguinaldo se compongan excluisivamcnte de tropas negras. UNA TBINCHEEA tíf c. C í í, fe TAGALA