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c; D. JACINTO LEÓN GOBERNADOR MILITAR DE CEDTA OEEiEííTKS de paz parecen dominar hoy en el Gobierno y van imponiéndose poco á poco á la opinión; á la guerra fuimos no por propia voluntad, sino forzados por las circunstancias, y á la paz 4i remos- por la misma razón. r- Desventajosa posición es ésta que acaso aproveche el orgullo yanqui para imponernos tales condiciones que ni el más pacífico pueda aceptarlas, y entonces seguirá la guerra, poniendo en peligro no ya nuestro imperio colonial, sino la integridad del territorio propiamente español. Dé aquí las precauciones adoptadas en nuestras cof tas ante el anuncio de la venida de la escuadra de Watson, y los aprestos en Canarias, Baleares y posesiones españolas- de la costa de África. Una de las plazas que por su posición geográfica é importancia estratégica pudiera ser objeto de la codicia yanqui y acaso castigo de su escuadra al pasar por el Estrecho, es la ciudad de Ceuta, no muy conocida por la generación actual, que la consi dera tan sólo como uno de tantos presidios espafioles. Ceuta era conocida por los moros bajo el nombre de Septé hasta que San Isidoro, arzobispo de Sevilla, cambió dicho nombre por el que hoy tiene. En el año 1415 empezó el rey de Portugal D. Juan I sus aprestos para emprender la conquista de tan importante plaza, pasando á manos de la corona de Castilla en 1580. Las primeras obras de defensa de Ceuta datan de época de la dominación portuguesa, y de ella se conserva todavía hoy la muralla real, que da acceso plaza por medio de un puente levadizo, saivando la entrada á su vez un ancho y profundo foso que comunica las aguas del Estrecho con las del Mediterráneo, aislando C -tíi. iíjn? oi rr la ciudad de tal modo, que aparece convertida en una isla. Las murallas accesorias que dan á la primitiva plaza de Armas fueron constiuídas en su mayor parte, según la tradición, por los fidalgos portugueses residenciados á causa de los delitos que cometían en su, país, existiendo todavía hoy los escudos heráldicos de la casa á que pertenecían, grabados en las piedras que forman dichos muros. Además de las fortificaciones ejecutbdis por la mano del hombre, la Naturaleza ha contribuido poderosamente á la defensa, de esta plaza. Masas de tajadas rocas, derrumbaderos rápidos y profundos cubren la mayor extensión de las costas Este y Sur, estando asegurada la parte Norte por muchos y peligrosos escollos que pondrían coto á las tentativas navales, impidiendo los desembarcos. El campo exterior, formado en su mayor parte por terrenos cedidos por el Sultán después de la guerra de África, comprende desde el recinto murado de la plaza hasta la línea neutral. Para su guarda y conservación se ha instalado recientemente un hermoso cuartel denominado Serrallo cristia-