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Norte en España, viajeros que lo ocupen y puertos á los cuales arriben éstos, para que los vea el mar y el mundo enterólo sepa. Viajar así no es viajar; veranear de ese modo no es digno de ningún veraneante que se estime. Para recoger en la taquilla de la central del Norte un billete de primera ó una berlina en silencio, vale muchísimo más quedarse en la playa de Eecoletos sudando las galas estivales, mostrando actitudes gallardas y haciendo conquistas que, como las de los yanquis, estén ya descontadas. Siquiera de este modo se arregla y adapta uno á la moda periodística, cosa no despreciable desde que se ha averiguado que los malditos periódicos tienen la culpa de todo lo que se nos va descontando, á pesar de haber adoptado desde la iniciación del conflicto internacional actitudes muy gallardas. Pero no son éstas, como llevo dicho y como repito ahora, las de aquéllos que actualmente salen de Madrid por necesidad, por lujo ó por costumbre. Otros años la Compañía del Norte establecía un expreso fijo, además del expreso ordinario, para facilitar el movimiento de viajeros. Este año no hay tal expreso suplementario con carácter oficial y partida necesaria. Los días en que el número de viajeros supera al de asientos del expreso ordinario, se organiza otro tren para conducir á los viajeros sobrantes. Es un expreso de sobras, como si dijéramos; tren que parece la cesta de una cocinera de casa poco acomodada. El jefe de la estación del Norte pasa, supongo yo, revista á los viajeros sobrantes del único expreso oficial, y si llegan á dos docenas manda encender una máquina y engancha otro convoy. Si los viajeros son doce, se les deja para el día siguiente; y si son menos, se les aconseja que veraneen en Madrid. Y si esos malogrados viajeros se incomodan y renegando de la Compañía del Norte adoptan actitudes gallardas, se les recomienda que vuelvan pacíficamente á Madrid, so pena de hacerlo entre guardias de orden público y pasando por la delegación del distrito, suceso que, aunque muy triste para sus familias, podría estar también descontado. En suma, y para terminar esta crónica del Madrid que se marcha de Madrid: conste que este año lo hace con vilipendio, sin gran parada en los periódicos, lujo de trenes ni gallardía de actitudes. Y si además de esto (no lo permita Dios) ocurriese por esas vías algún suceso desagradable, la única oración fúnebre que alcanzarían las víctimas sería ésta: IEstaba descontado! Así vamos viviendo, así vamos viajando; así vamos, en un expreso de sobras europeo, camino de la garita de Chamberlain, el guarda- agujas de las naciones moribundas A pesar de todas nuestras gallardías! JOSÉ DE R O U R E Í: I? IIKO P IH ID: E: SIOIWO (POR NO DBCIK FIN DE ESPAÑA -vSr. BAÑOS DE IMPRESIÓN