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Oír dificultad podría señalarse un verano parecido al presente. Otros años, las familias mádrilefias que abandonaban las riberas del Manzanares tenían á gala que sonaran sus nombres, y las columnas de los periódicos venían cuajadas de apellidos de veraneantes. Se les clasificaba por puertos, y los aludidos diarios decían: Han salido para Santander tales y tales. Para Bilbao, D. Fulano y D. Mengano. Para San Sebastián (y ésta era lista grande) los marqueses de X, los condes de Z, los barones de H. Para Gijón, el conocido banquero y el acreditado industrial señores de P P y W. Y los que tales cosas leíamos y aún en Madrid nos hallábamos, decíamos metiendo á to 4 a prisa prendas interiores y exteriores en el baúl mundo: -7- Con que se han marchado ya los de Tres Estrellas! Pues yo no aguanto un día más en este horno. Y con efecto; al día siguiente los madrileños retrasados que continuaban haciendo el equipaje leían nuestro apellido en la lista de los que eran idos, y nuestro ejemplo les animaba para desertar velozmente de estas calles madrileñas, en las que las parejas de orden público se buscan el fresco soplando un guardia á otro guardia. Este año, este infausto año, todo ha cambiado de aspecto; Madrid es otro: todo significa y señala una solución de continuidad en nuestras costumbres, en nuestra existencia Las familias que se marchan á respirar las brisas del Cantábrico viajan como de incógnito. Sus apellidos no lucen en la tercera plana de los periódicos entre una actitud gallarda y un suceso descontado. ¿Que qué significa etqüells, gallardid y este descuentof Poca cosa, amigos, lectores I Son dos timos periodísticos, dos frases de moda eternamente repetidas en las columnas déla prensa diaria, y que encierran y condensan toda la historia periodística de nuestro conflicto con los yanquis. La actitud gallarda es la nuestra, es la de España, la de los marinos de Montojo, la de los marinos de Cervera, la de los defensores de Santiago de Cuba. Una frase muy bonita y rnuy justa; preciso es reconocerlo. Los periódicos se hartan de repetirla, y hacen bien; hemos mostrado en Filipinas y en Cuba una actitud muy gallarda. Pasemos á la segunda frase. El suceso descontado es la catástrofe: la destrucción de la escuadra de Montojo, la destrucción de la escuadra de Cervera, la rendición probable de Santiago de Cuba. ¡Todo eso estaba descontado! Y de esa suerte, con la actitud gallarda para caer y el suceso descontado para consolarnos de la caída, vamos caminando desde la declaración de guerra hasta que la paz se establezca, si sé establece, sin que nuestros grandes periódicos, que tanto y tanto gastan en información, gasten también las hojas del Diccionario buscando epítetos ó requiriendo adjetivos. Basta la gallardía para ensalzar nuestro ánimo, y el i estaba descontado! para llorar la derrota. Jamás tuvieron los periódicos españoles ni mayor número de cablegramas ni menor repuesto de frases. Bueno; pues los apellidos más ó menos ilustres de los que á pesar de todo se marchan de Madrid este año, no logran figurar entre la actitud gallarda y el suceso descontado. Se deja á sus poseedores que con el mayor secreto bajen al anochecer la Cuesta de San Vicente, se metan en los departamentos del expreso y salven por el puente de los Franceses la caudalosa corriente del Manzanares, río que debe de tener por lecho lenguas de comadres; tal es el número de trapos que saca á relucir á sus orillas I Y cuando los expedicionarios llegan al término de su viaje, ni la más humilde gacetilla lanza á los vientos de la publicidad tan interesante nueva. Siguen y siguen los periódicos dándole á la actitud gallarda y al suceso descontado, como si no hubiera expreso del