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5l puente levadizo del castuio, y prolongándose nasta perderse allá entre dos montañas casi difamadas en la lejanía, serjieaba por frescos prados la cinta de plata- 1 del camino. E n lo más distante que de él podía perci birse clavaron los ojos los españoles, como los había clavado la despavorida Isaura; y repitiendo su pregunta con afán poco menor, preguntaban los cortos de vista á los que asestaban poderosos gemelos: Qué, ¿ina da? ¿No Ssoma nada aún? i Y los otros respondían: Nada Sólo fe se ve la hierba que verdea y el camino que blanquea. Pasaron horas y horas, y mis españoles quietos allí, catalejo en ristre, ó haciéndose pantallas y tubos con periódicos los gue de anteojo carecían. El sbl, que iba remontándose al cénit, picaba más de lo justo y quemaba las pupilas y derretía los sesos; la sed inflamaba los vs c. gaznates y el h a m b r e pellizcaba los estómagos; pero la magia de la Esperanza, como u n filtro, sostenía á los expedicionarios, impidiéndoles retirarse. Cerca ya de la hora me. ridiana, un privilegiado que poseía unos soberbios marinos exhaló chillido indescriptible; ¡allá, allá, en lontananiza remotísima, acababa de aparecer u n punto blanco, el núcleo de un astro, -la misteriosa nubecilla de polvo 1 Creyeron volverse locos los españoles. De mano en mano pasaron los gemelos. ¡Sí, sí, allí estaba, creciendo, dilatándose, la nubel Pronto, roto el turbio velo, lograron distinguir ló que seacercaba. E r a una lucida cohorte á caballo, una hueste espléndida, bizarramente engalanada y armada de p u n t a en blanco, apercibida al combate. Y a se podían admirar los fogosos bridones; ya el damasquinado de los arneses y cotas; ya gallardeaba el ondear de las plumas y el flotar de las bandas de colores; ya se distinguían las empresas de loa pendones y el blasón de los escudos Los de la plataforma, ebrios de entusiasmo, gritaban, vitoreaban, cabalgaban en las almenas á riesgo de estrellarse Faltábales sólo ver las caras de los paladines; era u n a fatalidad: llevaban todos baja la visera del casco Grande, ardiente era el anhelo de conocer á los que cifraban el destino de la patria española Un clamoreo inmenso se alzó de la plataforma cuando, llegados al pie- del puente levadizo, los héroe que venían alzaron las viseras Y otro clamor especial, de ironía y desencanto, siguió al primero. -Los de la hueste esperada, los de la hueste desconocida no eran sino agiidlos mismos, aquellos que desde hacía años lidiaban, resistiendo los embates de la censura y las exigencias del descontento y del cansancio Los mismos caudillos, los mismos estadistas, los mismos artistas y literatos célebres Ni una cara nueva, vive Dios! -Y los viajeros españoles, asaz mohínos, descendieron aprisa A la noche se consolaron armando u n a tertulia, volviendo á pulverizar á los eternos héroes, y planeando, para el otoño próximo, otra subida al torreón de la Esperanza. -r DIBUJOS DB MÉNDEZ BSIneA EMILIA P Á E D O BAZÁN