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apretadísimo- -sentirán latir el pecho de ansiedad, á veces de dolor, á veces de suprema alegría. No hace mucho- -esta noticia nos interesa especialmente- -una caravana de viajeros españolesj como pasase cerca del torreón de la Esperanza, deseó subir á él. Antes de realizar la ascensión conferenciaron, y con la verbosa espontaneidad y la cordial franqueza que á los españoles caracteriza, se confiaron recíprocamente sus aspiraciones y hasta sus fantásticos sueños. Abrieron su corazón como se abre una puerta, de par en par, y resultó que existía entre sus anhelos afinidad y analogía extraña. Querían encaramarse al torreón de la Esperanza, porque, aburridos y hastiados de lo presente, sólo fiaban en las novedades que diese de silo futuro. Mostrábanse los peregrinos descontentos de cuanto existe, y andaban conformes en atribuir los males y decaimiento de España á los individuos que figuran á la cabeza dé la nación. Sólo un ciego no vería la decadencia y lastimoso agotamiento de nuestros héroes. Sobre este tema haWa que oir á los peregrinos, oportunos, decidores y epigramáticos. Las flaquezas, las deficiencias, las torpezas y los yerros de las celebridades salieron á relucir con salsa de mostaza picante, con fuego graneado de chistes y anécdotas. Quedaron allí las altas famas pulverizadas, las glorias disueltas y devoradas por el ácido corrosivo de una crítica mofadora. ¿Los estadistas? garduñas, vividores sin conciencia. ¿Los caudillos? oobar- li.i n j. por contera ineptos, sin I- i u- ii- il instintivo del guerrilleri ni la- asta estrategia del Oapi! ¡iii d. l siglo. ¿Los artistas? imitaIdi- c misérrimos, que se traían i- I Hxir: injero las ideas y hasta i- i i lilas, como las bailarinas se ir: u- ii li. sntorrillas de algodón. liUTatos? pobres diablos se 11 -i y Mii i os hasta la médula de liH iiui -i s, y además, pesadísi- iii is... Insoportables lateroslD Líiito un. de los peregrinos, que i i- i- í: iría i- n los veintitrés años, y lidiiilia á la sazón con el tercero lU- PiTi- -lio. La frase resumió el li- inili- tijdos convinieron en que- I i- t: erigiendo una catedral liii,l: il; ira para que se riese la P i- ii- i idaí 1. Urgía refrescar, variar ¡ifri- oniíl; era llegado el instante K- caiiibiiir de baraja, estrenando una uui va, tersa, reluciente, no oluida ni fatigada del uso i iiu ai) otros, los desconocidos, 1- i iKiritiios genios que encierra iMi Hu t- eud la multitud anónima! -l i. r -so ¡lidian los españoles en tlcscí) (le subir al torreón y divif- ar í lo lejos el remolina de polvo ipic ajiuiicia la irrupción triuntíiiíU- ii l porvenir. la! Mil ñaña siguiente, al despuiilai- el día, trepando, por las picilras, üL arrándose á las matas le liiedra. valiéndose de escalas y de s ías, arañándose las manos, ¡iliaii ai- la plataforma, y recliiiadi) i. n 1 parapeto y el almeriaj. conMdtaron ansiosos el hovi ontf. Desde luego pudieron cMTciorar- f déla verdad históricolopofrrátira que envuelve la con l ja de Barba Azul. Arrancando de la calzada que conduce al