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¡POBRES AMIGOS! Aquí no nos ocupamos sino en saber noticias ¡Noticias! Telegramas! ¿Sabe usted algo? ¿Qué hay? ¿Ha leído usted el parte oficial? Queremos, necesitamos saber que ha combates, que se tiran muchos cañonazos, que destrozamos barcos, que arrojamos tantas bombas, que seguimos en la marcha de destrucción emprendida; que el comandante de este barco, D. Fulano, ha hecho tal heroicidad; que el comandante del otro, D. lZ. utano, ha hecho una salida Victorias y nombres, glorias de la nación y de los bizarros oficiales, eso es lo que pedimos á los periódicos Y yo, lo declaro con toda sinceridad, en los ensueños que todos tenemos desde que empezó la guerra; en esas meditaciones al caer la tarde, cuando todo convida á la melancolía, en el rincón de nuestro cuarto; mientras suena en la calle el coro de chiquillos ó en el piso tercero el piano de la vecina; al leer los periódicos, llenos de bombas, de tiros rápidos, de ataques nocturnos á nuestras plazas, siempre me acuden á la memoria los humildes, los soldados de infantería de marina, los marineros que hacen las maniobras, el timonel que conduce el barco, el muchacho de quince años que corre descalzo por las cuerdas arriba ¡Pobres amigos! Me los figuro en constante vela, durmiendo una ó dos horas, siempre esperando en las sombras de la noche la voz de alarma, el primer cañonazo del enemigo Les veo en los momentos primeros del ataque escalar las cofas, rompiéndose las uñas, oyendo silbar los enormes proyectiles que pueblan los aires; allá arriba, en lo alto del barco que cabecea y oscila en todas direcciones, los pechos expuestos á las nubes de balas Y entretanto nosotros, egoístas y perezosos, en estas tardes de verano arrellanados en frescas mecedoras, discutimos en Círculos, Ministerios y Ateneos la marcha de las operaciones y pedimos que mueran todos aquéllos por la patria, mientras los demás esperamos que ellos nos lo den todo hecho. ¿Cómo se llaman esos sufridos prójimos? ¿De dónde son? ¿De, qué país proceden? Pobres hijos de labradores que en sus aldeas ó montañas esperan rezando la carta del hijo, los unos salieron de Asturias, los otros de Galicia, éstos son andaluces, aquéllos aragoneses Sus apellidos no cuentan, uo importan nada. Los telegramas dicen: Muerto el comandante Tal; doce muertos y cinco heridos. Los nombres de éstos heridos y muertos no se saben nunca. Los periódicos publican los retratos de los héroes altos; para los héroes bajos no hay máquinas fotográficas, no hay biografías, no hay nada- ¡Mecha! grita el oficial de guardia en tiempo de paz; y el marinero trae la soga quemada en que se enciende el cigarro. ¡Fuegolt, grita el comandante. Y los marineros disparan á un tiempo y sin cesar, y las bombas enemigas los van haciendo caer sobre el puente ó en lo alto de las cofas, y todos dicen al caer: Madre mía! I Oh venerables, santos, admirables hijos de España, que tanto sufrís y tanto valéis y tanto pasáis por nosotros los que no os ayudamos en nada y os lo exigimos todo! Allá en la noche obscura, cuando mal acostados en la hamaca