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A -g IV Cuando se nos dio orden de atacar un pueblo de que por sorpresa se habia apoderado el francés y desde el cual cortaba la comunicación con nuestras líneas, todos tu imos la empresa por perdida, dado lo exiguo de nuestros con par a tal empeño no contábamos más que con dos piezas de artillería, tres batallones de tropas españolas, y uno de ios regimientos ingleses. Estos recibieron la orden con la misma frialdad que si se les hubiera mandado asistir á una parada, y eso que como una nueva muestra de deferencia se les dio el puesto más arriesgado en la vanguardia. j -Mejor murmuró al enterarse de ello Frasquito; con eso tendremos el gusto de verlos volver antes las espaldas. Pero hay que hacer la Justicia á nuestros aliados de que esta vez mi asistente se engañó de medio á medio. I.o s franceses, contando como contaban con dos regimientos de caballería que les eran inútiles en. el recinto del pueblo, lejos de aguardar el ataque, nos salieron al encuentro en una llanada. A mi compañía, por tocarle apoyar la retirada, se la mandó permanecer á retaguardia, y por ello no entro por el pronto en fuego, pudiendo nuestros soldados presenciar como meros espectadores la primera parte del encuentro. Este fué verdaderamente hermoso. Los ingleses, formando los cuadros con una regularidad automática, no parecían liombres, sino máquinas cuyo artificio no alteraban en nada las bajas sufridas, que se cubrían con tal precisión, que jamás se notaban los claros- Por tres veces los dragones imperiales tocaron las hneas del cuadro, y otras tantas fueron rechazados. A la cuarta, saliendo dé todas las gargantas un grito de entusiasmo, caímos sobre los franceses como incontrastable alud, y en pocas íiorás desalojamos al enemigo de sus posiciones, quedando el pueblo por nuestro, Cuando ya asegurada la victoria sé empezaron áoir los toques de alto el fuego y pudimos tomar el descanso que ya íbamos necesitando, no me pude sustraer al deseo de preguntar á mi asistente: -Y ahora, íqué dices délos ingleses? ¡Que son buenos soldados! contestó, como si aquella victoria le doliese tanto como una derrota. V: Las coacciones y tropelías que aquella noche. cometieron en el pueblo nuestros aliados fueron tantas y de tal bulto, que sólo con trabajo pudo lograr- Frasquito una menguada y fementida cena con que reparar yo mis decaldas fuerzas. Cuando me la sirvió en una casa cuyos dueños, temblando como azogados, no hacían más que espiar por las ventanas si entrarían allí los soldados del Lord, mi asistente me dijo con mal reprimida satisfacción: ¿Lo ve su merced? Ya van descubriendo la oreja. Son vahentes, eso sí, no seré yo quien lo niegue; pero más nos valiera habernos pasado sin su ayuda. Por desdicha, en el transcurso del tiempo, después de las. no pocas y señaladas victorias que debimos en gran parte á las altas prendas militares de AVellington, tuve ocasión más de una vez de convencerme de que no faltaba justicia en las palabras de mi buen asistente Frasquito Puerto. DiBDJO s l B E S T E V A N ANGIIL R. C H A V E S