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SOLDADOS DEL LORD CREOUERDO DEL A K O 9) rotas que habian padecido las fuerzas de D. Gre tta, que era á las que pertenecía el regimiento de una compañía, habían dejado tan mermados nues: r c que para completar algunos de ellos hubo de orde. -wg. nar el duque del Parque que hasta donde alcanzasen se fueran- supliendo las bajas con los s- oldados sueltos que de diversas partes llegaban por todo refuerzo al ejército de Extremadura. Entre los que me tocaron en suerte, que no fueron muchos, venía un mozo, y digo mozo, por costumbre, pues ya el hombre fnsaba en los tremta muy corridos, tan listo y expeditivo para todo, que con él suplí á un para mí msustitmble asistente que había perdido en la tristemente célebre rota de Medellín El asistente de ahora era andaluz; había nacido en Rota, y alistado como voluntario en la infantería de Marina había asistido el año 5 al glorioso combate de Trafalgar guarneciendo el- San Juan Nepomuceno Con un lenguaje que no por estar plagado de barbarismos dejaba de ser por todo extremo pintoresco, narraba con os más VIVOS colores las peripecias de aquella terrible función naval, y aunque tal vez exageraba un poco los detalles, de punta poma el cabello la relación del modo y manera con que logró escapar, en la espantosa noche que siguió al combate, de caer prisionero de los ingleses. o gi iu El cómo y por qué pasó á servir en los ejércitos de tierra al estallar la guerra con el francés, era tema que le hacía soltar con frecuencia la sm hueso; pero por ser esto poco pertinente al episodio, no cuento, que me propongo ahora narrar, no he de hacerme cargo aquí de su charla. F F gu- muid Lo que sí diré porque ocasión de apreciarlo tuve en el largo tiempo que anduvo á mis órdenes, es que de sus primeros pasos en la carrera de las armas conservaba dos sentimientos que nadie le hubiera hecho perder: la nostalgia por k vida del mar y el odio á los que el año 6 eran nuestros más implacables enemigos y desde mediados de! 8 venían siendo nuestros mimadisimos aliados. Adorar el max y aborrecer á los ingleses era la divisa de Frasquito Puerto, que, para que se sepa, era el nombre del héroe de esta narración. r i n Mientras bien ó mal, mejor dicho más mal que bien, nos las fuimos bandeando solos, Frasquito que no por cuidar U que nada me faltara dejaba de batirse como un león cuando la ocasión se presentaba, todo lo llevó con paciencia.