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AW que alcanzó la misa de campaña celebrada en las afueras de Santa Cruz en los primeros días del mes pasado, y el entusiasmo de la población, que guardará recuerdo eterno de esta fiesta religiosa y militar. Con plausible acuerdo, doblemente oportuno en estas circunstancias, habían dispuesto las autoridades militares la celebración de una misa de campaña el día 6 de Junio en una gran faja de terreno comprendida entre la Cuesta y la montaña de Ofra, á inmediaciones del Polvorín. Ocioso es pintar el aspecto de las inmediaciones cuando el vecindario todo de la capital, en animiadas caravanas, en resonantes coches, en vehículos de todos los géneros, se traslada al campo donde va á celebrarse la misa. Esta clase de fiestas tienen para todo buen español. Regional número 1 dan frente al altar, y á espaldas de esta fuerza forman las baterías de montaña y rodada y la sección montada de la Gfuardia provincial. Formada la tropa y revestido el celebrante, el cornetín de órdenes del jefe de la parada anunció la llegada del capitán general del distrito Sr. Montero, seguido de los generales Pérez Galdós y Madán, coroneles de las tres armas, ayudantes de campo y demás jefes y oficiales del Estado Mayor. Saludada la presencia de éste por músicas y bandas, comenzó la misa tras un toque de atención y con religioso silencio en todo el campo. El momento de alzar, siempre majestuoso y solemne, fué doblemente conmovedor por lasesperanzas que en la suprema justicia abrigaban tudos los pechos ante la perspectiva de un l católico y patriota, el doble encanto de la solemnidad religiosa y del aparato militar. Toda la población formaba movible y espléndido marco á la llanura cuando las fuerzas salieron de sus respectivos alojamientos: el batallón de Segorbe, de su poético campamento de Salamanca; el Regional número 1 y el movilizado número 2, del cuartel de San Carlos; los ingenieros, la artillería rodada y la Guardia provincial, de la Plaza de toros, y el movilizado núaaero 1, de su cuartel provisional de la plaza de la Constitución. Colocado el altar á espaldas de una de las caras laterales del Polvorín, formaron línea con el costado derecho de éste los batallones movilizados números 1 y 2, y haciendo ángulo con ellos las fuerzas de ingenieros y la artillería de plaza. Los cazadores de Segorbe y el ataque por mar, y en la presencia de nuestros valientes soldados, humillados sólo ante el Rey de los reyes. El amor á Dios y á la patria confundía en una sola promesa las oraciones de todos. Terminada la misa, desfiló en la Cuesta la parte del Regional número 1 que está destacada en la Laguna, y las demás fuerzas siguieron hacia la capital, desfilando con la marcialidad propia de nuestros soldados junto al Parque de Artillería, donde se había colocado el general Montero con su Estado Mayor. Las diversas unidades que hoy forman la guarnición de la capital de Canarias desfilaron por el orden siguiente: batallón de Segorbe con charanga y bandera, el batallón de artillería de plaza con bandera, las compañías de ingenieros, el batallón Regional número 1 con bande-