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impide el bloqueo; por tierra lo dificultan hasta la imposibilidad el período de las lluvias, que inutiliza los caminos, y la posesión de Bayamo por los insurrectos. Mas los soldados de Linares, disciplinados, fogueados mil veces, ansiosos de verdadera lucha que no sea caza ni persecución interminable, representan la gloria segura y el éxito probable, y serán llevados al combate por jefes de columna que, como el bravo coronel Aldea, conocen la estrategia propia de aquellos terrenos y han hecho ya sentir recientemente el peso de las armas españolas lo mismo á los yanquis en sus intentos de desembarco que á los insurrectos en sus atrevidas algaradas. El heroico comportamiento de artilleros y marinos al defender la bahía de Santiago contra los repetidos ataques de la escuadra de Sampson, es garantía de la conducta que las columnas españolas seguirán tierra adentro una vez desembarcada la expedición yanqui en costas no defendidas y al amparo de los cañones de sus acorazados. Frente al nuevo peligro, deber de gratitud es el recuerdo de los heroicos españoles que ya vertieron su sangre por la patria en las baterías de costa que enfilan el canal de la bahía y sobre la cubierta del Reina Mercedes, blanco principal de los cruceros enemigos. Y en la imposibilidad de rendir gráfico homenaje de admiracitSn á todos los defensores de España en aquel punto de peligro, vayan únicamente los retratos del infortunado capitán Acosta, muerto heroicamente sobre la cubierta del Ueina Mercedes, y de! bravo teniente de navio Sr. Molins, herido en el tercer ataque á Santiago de Cuba y digno representante de esa juventud que, ansiosa de g oria y nueva en los combates, vuela hacia ellos con el entusiasmo PALACIO DEL GOBIBENO ¡BEGIOSTAL DE SANTIAGO DE OL BA propio de tan hermosa edad. Saludamos en el teniente Molins á esa nueva generación militar, la más castigada durante la campaña insurreccional, pero también la más animada y valerosa. Y vayan otras líneas de saludo para la valiente tripulación del Beina Mercedes, que anclado en la entrada del canal y desmantelado en parte para servir con sus cañones las baterías de la Socapa, ha sido la vanguardia de nuestras defensas y el blanco principal de la gruesa artillería yanqui. No desesperemos de la defensa de Santiago por tierra. El vómito, que ya ha ido á buscar á los yanquis á bordo de sus transportes, se cebará en ellos, aumentado por los accidentes climatológicos del período de las lluvias. Por mucho que fíen en su número, en sus armas y en el auxilio de los insurrectos, no es tan fuerte su espíritu militar que puedan resistir los ataques de que han de ser objeto y la penosa y mortal peregrinación que les aguarda desde sus campamentos de Daiquiri y punta de Berracos, hasta que divisen los fuertes avanzados y el caserío de Santiago de Cuba. AcaS o este momento haya llegado ya cuando sean leídas las presentes líneas; quizás también las tropas españolas, forzadas á pelear contra un enemigo muchas veces mayor en número, hayan tenido que replegarse en las escabrosidades de la sierra ó en el reducto de la ciudad sitiada; difíciles son los pronósticos, y ni nosotros ni nuestros enemigos tenemos hecho pacto con la victoria: ella será del más diestro, del más afortunado ó del más fuerte, mas siempre el honor español- -y aquí sí que podemos formular vaticinios- -quedará tan alto como siempre le pusieron nuestras armas, ya brille al pleno sol de la gloria rodeado de laureles, ya se eleve con la palma del martirio ó flote sobre tumbas españolas rodeado de siemprevivas. Próspero ó adverso, desgraciado ó favorable, el asedio de Santiago de Cuba será una página brillante de nuestra historia, página que por ser acaso la últiiña de nuestra dominación colonial, resuma y compendie todos los sacrificios, todos los trabajos, todas las amarguras y rasgos heroicos con que he-