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LOS DEFENSORES DE SANTIAGO DE CUBA Escribimos estas líneas bajo la impresión de solemne ansiedad, de angustiosa incertidumbre consiguientes á la noticia de haber desembarcado en la costa sudoriental de Cuba la numerosa expedición yanqui laboriosamente preparada en los campamentos de la Florida. Una flota de sesenta buques, muchos de guerra y con todos los elementos modernos de combate, otros de auxilios, buen número repletos de material destructor y los restantes de soldados apercibidos para la lucha, han conducido á nuestros enemigos frente á Santiago de Cuba. Toda la fuerza material que la más violenta injusticia y la más inicua guerra han podido acumular, está reunida mediante el empleo de los caudales de que dispone la república de los Estados Unidos. Y todavía, como si fuera empeño baladí contener y rechazar tamaña expedición al reducido númemar en lo que valen las dotes singularísimas que los distinguen. El general Linares, á cuya pericia y valor está confiada la honra de España en tan supremo trance, es un militar aguerrido, conocedor del terreno en que opera y práctico en la lucha cubana, por figurar en su ejército desde el comienzo de la insurrección. Grandes son sus dotes, mas todas ellas serán puestas á prueba en el terrible empeño de sostener sus posiciones contra el doble y formidable ataque de los soldados de Shafter, de los cañones de Sampson y de las hordas ensoberbecidas de Calixto García. Mientras el enemigo podrá refrescar sus tropas y reparar sus pérdidas por la proximidad de los puntos de aprovisionamiento, el general Linares no puede confiar más que en las fuerzas en la actualidad á sus órdenes, porque toda comunicación con la Habana es imposible: por mar lo EI, GlíXKBAL PANHO ro de nuestros barcos y al ejército español de Santiago, la masa de los rebeldes se mueve en combinación con el ejército enemigo de mar y tierra. En valor y en heroísmo nadie aventajará, nadie igualará á los nuestros; pero en los medios de lucha la desproporción es extraordinaria. La lucha será tan desigual como en las grandes crisis de la vida española nos las d e p a r a b a frecuentemente la mala fortuna, pero son grandes y muy legítimas las esperanzas que abrigan en los defensores de la isla cuantos conocen bien y pueden estiEL COEOKBL ALDEA BL GEKBEAL LINAKES