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CnESTOS DE l A GUEEBA LA CAZA DEL TRASATLÁNTICO Todos cuantos gemelos de teatro llevaban los viajeros en sus maletas habían salido á relucir y pasaban de mano en mano investigando ansiosamente el horizonte. Las lentes no alcanzaban lo suficiente para apreciar detalles, pero sí dejaban ver el maldito crucero en el apagado crepúsculo con la bastante claridad para que el pasaje no se hiciera il 66 ej 1 d P ni pi tr ni te di lo que suscitaba las más acaloradas discusiones entre el pasaje de primera, aglomerado allí en la cámara. Algunas señoras menos tímidas ó más curiosas animábanse mutuamente en un rincón sentadas en los divanes perla, pero la mayoría de las mujeres permanecía llorando y rezando en sus camarotes. Y los hombres, alternando en el uso de los gemelos, sin dejar de atisbar por las portas, pronunciábanse por las resoluciones más opuestas. Los belicosos, de acuerdo can el capitán primero hundirse que entregarse; los pacíficos, rendirse antes de que el crucero se pusiera á tiro y disparase. Es una barbaridad resistir á un buque de guerra. Es nuestro deber. El yanqui gana terreno, miren ustedes. No- lo gana; continuamos lo mismo Pero corriendo nosotros más, ¿por qué el capitán no hace rumbo á alta mar y escapa, sin dar tiempo á que aparezca otro barco enemigo? Nadie sabía contestarse á tan sencilla pregunta, ni nadie se explicaba la maniobra d l trasatlántico, errando sin alejarse de aquella zona, con su magiar detrás, que hizo dos disparos, no enviando el tercero al notar que las balas quedaban cortas y agujereaban tan sólo el agua. Y por si algo faltaba para concluir de aterrar al pasaje, los prácticos, los que habían hecho ya varios viajes á la Isla y conocían el litoral, declararon que únicamente la pericia del capitán era capaz de sacar ileso el buque de entre los bajos que por allí abundaban. Hasta el temporal parecía ponerse de parte del enemigo. Saltó el viento de cuadrante, y el mar se encrespó pero sin borrasca, que hubiera significado la noche obscura. Sólo el oleaje se fué trocando en formidable, y el vapor comenzó á dar tremendos bandazos combatido por la marejada. De pronto un gemelo explorador tembló. La noticia fatal se supo en el acto, y los pasajeros se agolparon tumultuosamente á la misma banda. Otro crucero á barlovento 1 La impresión fué tal, que las voces cesaron súbitamente. Todo el mundo se quedó aterrado, y las señoras que habían aguantado en la cámara, vencidas al fin, dando tumbos y prorrumpiendo en alaridos, salieron á llevar la alarma á los camarotes. El nuevo buque era de más porte y mayor andar que su compaSero de escuadra, y empezó á acercarse al trasatlántico. La decisión del capitán de irse á, pique para no ser cogido surgió con más fuerza en la memoria de los viajeros. En los días que llevaban de navegación habían podido- convencerse de que era hombre capaz de realizar su propósito. Tipo de lobo de mar, lacónico, impasible, brusco, impuesto siempre á los furores del Océano.