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TAMAYO ÍNTIMO Era muy dulce, muy atento, la corrección misma. Sumamente religioso (carlista, según otros; me es igual) era, por consiguiente, humilde. En su traje, siempre sencillo, vestido de negro. Parecía un curial, ó algo así. Oomo todos los hombres que viven trabajando, no se ocupaba de su persona. Un pantalón negro, una levita negra, un chaleco negro. Hay que ser ó aristócrata ó vago para tener tiempo de vestirse mucho. Era muy caritativo. Se echaba un puñado de cuartos al bolsillo cuando salía de su casa y los daba á cuantos pobres le pedían, y se volvía sin un céntimo. Ejercía de católico. Su olla, su misa y su Doña Luisa, como dice el refrán antiguo. Su i n t e r i o r su mujer y sus rezos. Fué casado dos veces; hizo dichosas á dos mujeres. la respuesta pronta, y aquello que creía y sentía sabía defenderlo con entereza y á veces con violencia. Nos unió siempre buena amistad, pero yo evitaba hablarle de política, porque en oyendo hablar de democracia saltaba- ¡Pillería! ¡Ateísmo! ¡Negación de toda vida española! Y al verme soltar la carcajada ate irritaba más, exclamando: -Ya sé que va usted á atacar á los neos. ¡Pues haga usted cuenta que lo soy, y no me dirá nada I ¡Qué le había yo de decir, si le quería y respetaba tanto! París le seducía, le encantaba Sus ahorros se los gastaba en ir allí y en encontrarlo todo superior á todo lo del mundo. Pero comparaba. Y ese La manía de ocultar su es el mal, la eterna equivonombre ha sido célebre. cación de los españoles que ¿Por qué lo ocultó á parviajan. tir de Lo positivo? En el extranjero se comNadie lo ha sabido nunplacen en comparar y en ca. Alguien ha dicho que encontrar muy malo todo fué un voto, una mortificalo de España. ción. No es eso. Hay que ver No hay nada quo atraiga y admirar sin comparar, y seduzca más que la gloporque e n t o n c e s resulta ria personal, esa que tocan uno mal patriota. y ven los oradores, los có- -Cada uno es cada uno, micos y los autores dramáy naide es mejor que naide, ticos. le decía yo. Tamayo se propuso ocul- -Sí, señor, pero es que tar su nombre y renunciar aquello no á toda g l o r i a Se llamó Y para detenerle en sus D O U M A N U E L T A M A Y O Y BATJS Joaquín Estébanez, ó invenímpetus de entusiasmo le s r ÚLTIMO KETEATO, POR LAUREÍÍT tó unas cartas muy raras decía: en las que el tal Estébanez rogaba al Sr. D. Manuel Ta- -Allí son creyentes y aquí son volterianos. mayo que le ensayara sus Comedias. Y D. Manuel, alma de niño, se entregaba en seguida. y Tamayo tenía el valor de ir al teatro, ensayar el Drama nuevo como por encargo (yo lo vi j y enojarse cuando se le indicaba que el drama podía ser suyo. Como autor dramático, se retiró y se aisló cuando sus Para esto hace falta ser un carácter. Y Tamayo lo era. Hombres de bien no gustaron. ¿Y qué prueba eso? le decía yo paseando muy lejos de Madrid. Las obras no son para hoy, son para mañana. Un poco, un si es no es, más sí es que no es, como dijo Acuérdese usted del pateo del Sí de las niñas el otro, violento de carácter, autoritario, no vanidoso, Tamayo guardó rencor al público. Hizo bien, pero nos pero orgulloso. privó de obras que sin duda alguna deja en cartera. Son vanidosos los tontos, los que buscan reclamos, y honores, y títulos, y cruces, y vanidades humanas. Son orgullosos los que tienen conciencia de su propio valer. Su carácter queda descrito en la nota que figura al pie El orgulloso tiene la ventaja de que el orgullo le evita de su esquela mortuoria: tener envidia. Por disposición testamentaria, no se admiten coronas. Oomo su- inseparable amigo Cañete, tenía el genio vivo. ¡Eso es grande, porque es humilde, porque es cristiano! EusKBio BLASCO