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Su cruz formó con mimbres de) próximo ribazo, atándole al extremo u n pedernal que halló; al manantial llegóse enarbolando el brazo, detúvose, y con furia la cruz al agua echó. Mas ¡ay I vencido el cuerpo, que equilibrar no pudo, on medio de las a g u i s cayó del manantial, surgió burbuja i n m e n s a al golpe grave y rudo y en ondas mil fruncióse el plano de cristal. En tanto que en el lago se rebullía ansiosa y el agua sofocante nublábale la voz, vio huir sus dulces sueíios de ser feliz et jjosa cual nube que arrebata el huracán veloz. Las cruces se agitai on con ecos de ironía, el lago estremecióse en breve tempestad, y ella, en vez de promesas del bien que apetecía, vio sólo de la t u m b a la triste soledad. Entonces un serrano que por la parte aquélla siguiendo su camino ó por azar cruzó, oyendo el angustioso gemir de la doncella al lago apresurado su paso dirigió. Llevóla hasta la orilla, cubierta de verdura, y allí, de las estrellas á la apocada luz, miró de la serrana la plácida hermosura, en tanto que én el lago alzábase su cruz. Sonó rumor gratísimo de candida estremecióse el bosque de gozo y de las flores sonrieron entre la sombra oyendo el casto arrullo de la primer promesa, emoción, espesa pasión. LA FUENTE DE LA SIERRA E n cierto pueblo humilde, vecino de Granada, donde la hermosa vega comiénzase á quebrar, formando hasta la sierra, de nieves coronada, con mil estribaciones petrificado mar, existe cierta fuente de límpidos cristales de cuyo fondo el agua regurgitar se ve en u n pequeño lago rodeado de juncales tendido de alto cerro al escabroso pie; y es tradición antigua que guardan las doncellas hacer cruces de junco el día de San Juan, y algún pesado cuerpo atando al cabo de ellas, lanzarlas en el lago con amoroso afán. I? Las cruces que en la fuente enhiestas se levantan anuncian himeneo, felicidad, amor, y aquéllas que en el lago se inmergen ó quebrantan presagian doncelleces sufridas con dolor. Y a de San J u a n el día pasó con zambra y fiesta, ya, transformado en cruces, al lago fué el juncal, y cada cruz, tendida ó sobre el agua enhiesta, delata de las mozas la suerte desigual. Y en tanto que aparece la vespertina estrella y el párpado del día cerrado ya se ve, por el vecino monte desciende u n a doncella que al lago se aproxima con entusiasmo y fe. La luna brilló entonces por cima de la sierra cual si escalado hubiera su rudo peñascal y se asomara al viso para mirar la tierra y oír de los amores el drama universal, i Oh luna, luz erótica; tu cautelosa llama alumbra lo que basta para querer y amar; tu luz es u n gran velo nupcial que se derrama sintiendo entre sus pliegues al mundo palpitar I E n plena luz se vieron radiantes de ventura, profundo amor y eterno juráronse los dos, y el astro de la noche desde su excelsa altura bajó sobre sus frentes la bendición de Dios. R. iFAEL TORRÓME DiErJO CE MÉNDEZ BRINCA