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UN DÍA FELIZ ¡Qué suerte la mía I Un billete de Banco ahora que nadie los quiere, es un verdadero capital. Vean ustedes. -Cobre usted la cajetUla. -No tenso vuelta. Qué lástima, porque lo mismo le sucede á la cajetilla! -I Camarero I Ahí va la cuenta del almuerzo. -No puedo darle á usted ni una peseta de cambio. ¿Y pretenderás que la cambie yo? ¡Eso desacreditaría al establecimiento! -De fijo que, éste tampoco tiene cambio, porque si lo tuviera no llevaría, siempre ese penco. ¡Qué agradable es pasear en coche por horas y gratis! o 0 -He comido muy bien; cobra. -Imposible, no puedo devolverle á usted nada. -Sí, hombre, devuélveme á la circulación poniéndome á la puerta de la calle. ¡Vaya un día feliz y barato! Este billete, que no debe valer fiada puesto que nadie lo quiere, me hace más rico qué Eotschild. Pero en cuanto valga veinticinco pesetas me arruino