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No es esta la primera vez que comparo al soldado de Cuba con el soldado de Flandes, y creo que la semejanza de ambos alcanza aun al aspecto de sus figuras. Jío encaja con menos gallardía el sombrero de paja sobre las sienes del soldado actual que encajaba el chambergo de fieltro en la cabeza del arcabucero de Maestrich y de Breda. E m p u ñ e el maüser ó agarre el arcabuz, la figura militar es la misma, é idéntica su representación en la historia. Sangría suelta fueron para la patria las campañas de Holanda, y sangría suelta de dinero y de sangre es, como todos sabemos, la lucha cubana, hasta el extremo de que poner u n batallón en Cuba no es menos caro que poner una pica en Flandes. Europa entera, contagiada por la moda del luteranismo, miraba con simpatía más ó menos platónica la rebelión de los herejes de Holanda, y asombrábase de que España, sola y empobrecida, continuara la guerra por puro tesón de cristiano- viejo. La Europa de hoy, egoísta y apegada al oro, más temerosa- cuanto más equipada, no comprende tampoco que el honor y la justicia puedan ser defendidos como España los defiende, y m i r a n con hostil indiferencia nuestro sublime empeño, que puede llegar á turbar la ridicula paz del continente armado. E n los tres años de lucha que hasta hoy llevamos, el soldado de la trocha insalubre y del fuerte solitario ha sufrido las mismas penalidades que el soldado de las Dunas y del sitio de Amberes; ellas h a n templado su ánimo, preparándole á empeños superiores como el que ahora se aproxima; el inocente campesino de hace tres años tiene en jaque á todos los acorazados de Sampson y á todas las milicias de Miles. Si Dios nos concede, no la victoria, sino la ocasión del combate, es seguro que el soldado de España paseará triunfalmente, la mano en el machete y el pitillo lín la boca, como pasearon sus legítimos antecesores desde San Quintín hasta París y desde Bruselas hasta Londres, con la tizona rabitiesa y encendiendo la pipa con la mecha humeante del arcabuz. L. ROYO VILLANOVA