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pregona los escándalos müvidos á toda hora por la soldadesca de Cayo- Hueso, insubordinada ante la más pequeña contrariedad, como si el camino de la guerra fuera de rosas aun para los ejércitos vencedores. Así se desacredita ante Europa y se gasta y consume por sí solo el nonnato ejército norteamericano, mientras el nuestro recibe como don de cielo esta nueva fase de la campaña. Porque ya el soldado de Cuba no está incomunicado en el soíitario fuerte de la trocha nueva, ni se fatiga en marchas imposibles tras el enemi go, que nunca se da á ver; ya no respira miasmas mortales en los trabajos de la trocha de Júcaro, ni está á merced de la traición guajira; la guerra internacional ha traído el. ejército hacia la costa, ha reconstituido los batallones en torno á la Habana, á Matanzas, á Cienfuegos, á Cárdenas y á Santiago, hizo abandonar al soldado los maniguales d l interior por los lugares más sanos del litoral, y por consecuencia de estos preparativos, la salud del ejército es mejor que en tiempo alguno de la campaña. Todo ello ha levanta- do aún más el espíritu envidiable del soldado español, no sólo por las ventajas que para él tiene su nueva situación, sino por lo que ésta representa para la conclusión de la guerra cubana. Sea ventajosa, sea desfavorable, la guerra con los Estados Unidos significa en plazo breve el punto final de una lucha que se había hecho crónica y amenazaba ser eterna. Con el mambís enfrente, todo éxito militar era imposible, cualquier revés era vergüenza, y el mayor triunfo hubiera parecido cosa natural; con los yanquis delante, la victoria ó la derrota tienen el lucimiento debido. Una ú otra ha de salirles muy cara á los 3 anquis, que por de pronto Van á la lucha cubana en el peor estado de ánimo. Esa misma leyenda de crueldad que ellos han inventado nos rodea de una aureola terrible, pero muy conveniente para aplanar su espíritu, ya dispuesto á creer toda clase de horrores. Y á este efecto moral únese el producido por las infructuosas tentativas hechas repetidamente contra la costa. En Cárdenas, en Cienfuegos y en todos los puntos adonde intentaron aproximarse los botes de desembarco, han podido ver los yanquis cómo es y cuánto vale el soldado español. Volverán con más fuerzas y con otras más tarde, hasta que por el fuego ó por la astucia logren su propósito, mas en cuanto pongan su planta en tierra española, brotarán del suelo todas las calamidades que nuestro sufrido soldado reinado ya con los mismos sudores dé muerte que verá mañana en frentes enemigas.