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LOS SOLDADOS DE CUBA Formando brillantísimo festón por toda la sinuosa y dilatada costa de la Isla, desde P u n t a Maysi hasta la Habana y desde Santiago de Cuba al T Cabo de San Antonio, las ba T Í tf yonetas españolas aguardan el ataque de los soldados yan quis, tan decididos y voluntariosos en Washington y en Kueva York como indecisos y desorganizados en los campamentos le Tampa, de Chickamanga y de Cayo- Hueso. víctimas, y que los- mil azares de la guerra, fáciles de prever en. campo abierto, son inevitables y fatales entre la vegeta ción de la manigua y las cejas y estribaciones de la serranía cubana. Alguna ventaja habían de reportar á España estos tres años de lucha obscura, obstinada, cruenta, contra los mambises, y esa ventaja es la de contar en Cuba con un ejército fuerte, aguerrido, disciplinado, hecho á la lucha y amante de ella, exquisito producto de la horrible selección que hicieran en nuestras filas los estragos de la epidemia, las balas del enemigo y todas las infinitas penalidades de la campaña. Harto comprende Mac- Kinley que una victoria como la de Cavite no es fácil que se repita. Para eyitarla en el mar están la destreza y la habilidad del alnnrante Cervera; para vengarla en tierra Compárense nuestros batallones, sofirme están los soldaditos de España, brios, alegres y cien veces fogueados, ansiosos de disparar en masa contra un con esa canalla de diversos colores que BL BNBEAL BLANCO ejército regular, tras u n duro aprendizaPK DEL E J I Í R C I T O DB ODBA se emborracha en Tampa y en Cayoje del maüser contra el enemigo disemiHueso. nado y oculto. Plablen los pesimistas La calumnia, que tanta inventiva mostró contra Espacuanto quieran del disparatado combate entre una nación ña en los periódicos filibusteros, jamás so atrevió á hinpobre y desangrada y otra robusta y poderosa, todo esto car su diente en las virtudes militares del soldado espaes decisivo cuando entran como factores en la lucha sólo ñol; en cambio, hasta la prensa más amarilla y patriotera el dinero ó lo que dinero representa, como son los barcos de combate; pero considere) nos los ejrriitos en tierra firme, y aquí ya no valen el dinero ni los hr ¡ndaje. s, sirin el valor y la disciplina. Comprendiendo los yanquis que están faltos de esas cualidaiies, irarau de contrarrestarlas con un ejército diez veces nuiyfu- y un parque liencliido de los más poilerosos medios de guerra. ¡Insigne error! Toda la riqueza y el ¡loder de nuestros enemigos no alcanzan á modiíicar especial topografía de Cuba, y una vez los yanquis en tierra, verán que el suelo no se prescMiTa tan expedito y llano para el avance como la limpia planicie del mar, que los cañones y máquinas de guerra más son impedimenta que ayuda, que el vómito exige su tributo y el calor y la lluvia sus -H