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WTi pj! aW Káf igi g LA ESOÜADEA BST MARCHA Dilujo de i Pórtela CRÓNICA DE LA GUERRA El viaje de ia escuadra El felicísimo arribo de la escuadra mandada por el almirante Cervera al puerto de Santiago de Cuba causó en la Isla delirio, en España entusiasmo, en las naciones europeas admiración, y en los Estados Unidos impresión hondísima de vergüenza, de rabia y de despecho. Podrán los yanquis, á favor de su ventajosa posición respecto á Cuba y empleando todos sus formidables medios navales, caer como furiosa avalancha sobre nuestros cuatro cruceros y tres destroyers; podrán consumar otra cobarde iniquidad como la de Cavite, y á realizarla se aprestan nada menos que sesenta barcos mandados por los comodoros Sampson, Schley y Wolson; mas aun poniéndonos en el peor caso, jamás con otro triunfo como el de marras podrán los marinos yanquis echarse de encima el sambenito de ineptos, de torpes y de inútiles que ha caído sobre ellos, mientras los bravos marinos españoles demostraban ante el mundo una pericia náutica, un valor sereno y un conocimiento de los mares digno de aquellos inmortales nautas y mareantes que con loco valor y fina perspicacia descubrieron hace cuatro siglos esas tierras de donde en vano tratan los yanquis de borrar el nombre español. De Cádiz á Cabo Verde, de aquí á Martinica, de Martinica á Jamaica y de Jamaica á Santiago de Cuba, la escuadra española, á pesar de navegar por ajenos mares poblados de vigilantes espías, ha sabido burlar los planes y preparativos del Gobierno norteamericano y de sus dignos representantes en el mar los ridículos comodoros, que hoy babean como caracoles llevando á cuestas sus aplastantes acorazados. Ni es de extrañar el brillante resultado del viaje de la escuadra, dado el renombre y la fama que ya tenían adquiridos esa pina dé marinos ilustres que llevan nuestros cruceros, no sabemos si á la victoria, pero desde luego á la gloria y al más alto honor de nuestra bandera. Cervera en su breve paso por el ministerio de Marina dio pruebas relevantes de su talento, hoy confirmado á los ojos de Europa; Díaz Moren, el comandante del Cristóbal Colón, lleva en la popularidad de su nombre la mejor ejecutoria de su valer; Eulate, él comandante del Vizcaya, fué el primer marino español que mostró ante los yanquis el valor sereno de la raza en su famosa sahda del puerto de Nueva York; Villaamil guiando á. los torpederos á Cabo Verde y cruzando velozmente el Atlántico á bordo de los destroyers, haciendo la descubierta de la escuadra, no há menester hazañas mayores para dar á su nombre sólida faina; Concas es el peritísimo marino que condujo las naos de madera á las fiestas de la Exposición de Chicago; Lazaga es un marino experto y valiente de la raza de los Méndez Núñez, de los Topete y de los Alvárgonzález; los jóvenes comandantes que mandan los destroyers de la escuadra demuestran á cada hora, á cada minuto, su pericia y valor en el mando dificilísimo de esas delicadas máquinas de guerra que apenas dejan entre sus engranajes espafcio para la tripulación, que no tiene sosiego ni descanso. Cuando se conozcan detalles de este viaje difícil y glorioso, serán más de admirar el tesón, la prudencia, la habilidad y el valor demostrados por todos, desdé el almirante Cervera al último maquinista de los cazatorpederos.