Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
No es propiamente un título el epígrafe que abre paso á estas líneas, sino una resonancia del tímpano, dolorido y sobrexcitado por los gritos de los, vendedores de papel. JBÍ Imparcial de ahora! ¡El Liberal! ¡El País I i La Corres I El Heraldo de ahora 1 Todo de ahora, fresquito, ofre ciendo al público nervioso y voraz las últimas noticias ñe la guerra y los últimos vaivenes de, la, política interior. El Madrid de ahora no es aquel Madrid alegre, frivolo, despreocupado, encanto de los forasteros y sueño de los jóvenes provincianos. El grave empeño en que se halla metida la nación, las zozobras del presente y las obscuridades del porvenir, han creado un Madrid nuevo, impaciente, nervioso, preocupado, pendiente á todas horas del diario próximo á salir, y hasta del suplemento de camama con que nos obsequian todas las tardes los explotadores poco escrupulosos de esta santa ansiedad nacional. Se abrió de nuevo la Exposición de Industrias, y nadie va á verla; hubo Carreras, y pasaron inadvertidas por completo. Los pocos concurrentes dijeron que algún jockey había dejado, parar el caballo para leer en la primera plana de El Imparcial los cablegramas de la Habana y de Nueva York. Sólo eso nos preocupa, y eso solamente debe preocuparnos. Varios teatros se han cerrado; los otros se sostienen por la velocidad adquirida, de los trasnochadores; pero si esto sigue, llegará á cobrar mejores trimestres el chico que vende La Corres y el Heraldo por el pasillo de butacas, que el autor cómico más envidiado por los currinches. Estos, que están á la que salta, han querido sacar partido de la actualidad glosando en escena la Marcha de Cádiz y haciendo chistes rojos y versos gualdos; pero lo de ahora es demasiado serio para ser tratado por plumas pecadoras. Bien lo demostró el público con su enojo, que pudiera expréisarse en aque líos conocidos versos del antiguo teiitro andaluz: ¡No me jaya usté reír, que tengo el labio partió. Mientras el labio no se cicatrice, no estamos para bromas. Como en donde menos so piensa sáltala liebre, puede ser qiio la guerra haga el milagro de acabar con el género chico; pero, de todos modos, no está lejano el día en que los revendedores ofrezcan butacas por un cigarrillo de papel, mientras los golfos de última hora no quieran soltar el Heraldo, si no es con dos pesetas de prirría. El albañil que va á la obra, la criada que vuelve de la plaza, el trasnochador que se retira, el hortera que levanta