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Cartagena, que habían sublevado la ciudad é inutilizado en el puerto todos los buques de combate. Tal era el estado de las cosas cuando ocurrió el apresamiento del Virginius. Prescindiremos del aspecto internacional que tuvo aquella grave cuestión, para hacer sólo ligerísimo relato de los hechos en que tomaron directa participación nuestros bravos marinos. De la captura, verificada el 81 de Octubre de 1873, pueden contarse curiosos pormenores. A las dos de la tarde se distinguió al sudeste del buque de guerra español Tornado el humo de un vapor que poco á poco iba aproximándose. El comandante dispuso que sin pérdida de tiempo se activasen los fuegos de las calderas, y vi se bien jironto que la embarcación, perseguida, cambiaba bruscamente de rumbo y se dirigía al sursudeste. Había sospechas de que el buque á la vista fuera el Virginius, que llevaba ya tres años al servicio de los insurrectos de Cuba, amparado criminalmente por la bandera norteamericana. Se dieron apremiantes órdenes para forzar las máquinas, y procedióse á la caza con enérgica resolución. A la hora d e la puesta del sol pudieron reconocerse dos palos de pailebot y dos chimeneas, señales evidentes de que no eran infundadas las primeras sospechas. Entonces preocupó á toda la tripulación de á bordo, interesada por igual en la captura, que se perdiera la pista al echarse la noche encima. Todos en masa vigilaban, auxiliados por la claridad de la luna. Por íin, á las nueve y media de la noche pudieron ponerse lo bastante cerca para comenzar la intimación por la fuerza. Se dispararon cinco tiros con granada. Al quinto cañonazo paróse la nave perseguida. Se habilitaron eir el Tornado dos botes á las órdenes de los alféreces D. Enrique Pardo y D. Ángel Ortiz, y se procedió al apresamiento. i- -r V rí- -7 f r- W te JSJ De cómo se verificó éste da exacta idea la siguiente carta, dirigida por el último de los citados marinos á su jefe y escrita con naturalidad y sin arrogancias: Consecuente á las instrucciones recibidas d e usted para proceder á apresar el buque, á quien durante la tarde y noche de! 31 había usted cazado con la corbeta á su mando, embarqvié en el cuarto bote de la misma, acompañado del primer maquinista y cuatro fogoneros, además de su tripulación, que indistintamente se componía de individuos de todas las clases de marinería y tropa de esa corbeta, pues en aquellos momentos de entusiasmo no fué posible evitar que embarcasen los que quisieran. Habiendo abierto do este buque me dirigí hacia el vapor cazado, y notando al hallarme en sus proximidades que estaba Heno do gente, les advertí que cualquier agresión sería enérgicamente castigada por nuestras fuerzas, después de lo cual atraqvié por su costado de babor, disponiendo un abordaje simultáneo por toda la gente del bote, el cual se verificó oportunamente después de haberlo yo efectuado. T a n luego me hallé sobre cubierta pregunté por el capitán, y presentándose éste me dijo ser el vapor mercante americano Virginius, cuyos papeles le exigí y m e entregó. Le hice presente que desde aquel momento quedaba el buque apresado, y prisioneros á mis órdenes él y toda la tripulación y pasaje, y acto continuo dispuse se apoderase nuestra gente del timón y buque, co- misionando al primer maquinista para encargarse de la máquina; advirtiendo á todos que nuestra presencia allí no sería obstáculo para que la corbeta los echase á pique t a n luego se notase agresión de cualquier género, y que toda tentativa para inutilizar máquina, caldera ó buque, sería inmediata y enérgicamente castigada por las fuerzas á mis órdenes. Casi todos los tripulantes y expedicionarios, entre los que se contaban importantes cabecillas, pagaron con sus vidas aquella aventura, siendo pasados por las armas en Santiago de Cuba á los pocos días. Las ejecuciones suspendiéronse por orden del Gobierno de Madrid. G A B R I E L B ESPAÑA DIBUJOS DE E S T E V A N