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i iuslista ofendido, apagarán los fuegos de esos Armstroug formidables, seguros é inconmovibles sobre la muralla. Yo os probaré que de nada sirve el alcance de vuestros cañones cuando se piensa, como pienso yo, echar el ancla en vuestras cureñas; que al fin y al cabo, es iiuítil la lanza del jinete cuando el enemigo, en vez de huir, se agan- a cuerpo á cuerpo con el lancero. Aiinque mal expresados aquí, t les debieron de ser los pensamientos de Méndez Núñez antes de enviar al Gobierno de Madrid aquellas palabras memorables: ¡Más vale sin Marina, que Marina sin honra! Y lo mismo que lo pensó, asi lo puso en práctica en la gloriosa tarde del 2 de Mayo de 186 C. III Al toque do zafarrancho que salió de la Numancia respondieron todos los tambores de la escuadra con vivo toque de calacuerda, y todos nos apercibimos al combate. Trepidaron las máquinas, comenzó el movimiento de las hélices, y la escuadra española se puso en marcha con arreglo al plan de ataque. Formábamos la primera división la Numancia, el único casco de hierro do la escuadra, llevando á su bordo á Méndez Xú fiez, á Lobo, mayor general, y á Antequera, que en su calidad de comandante del buque vigilaba á la dotación, más bien para contenerla que- para animarla; con la Numancia íbamos la Resolución, mandada por Valcárcel, y nosotros los de la Blanca, que habíamos improvisado con las cadenas, si no un blindaje serio, una especie de cota de malla para nuestro ba- rco. P r o n t o hicimos el viaje, porque nos tocaba situarnos fren- te á las rñuralias y baterías de! Sur; así es que pudimos presenciar á estribor el desfile de la segunda división y de la tercera. Aquélla, compuesta de a Berenguela y la Tilla de Madrid, debía cañonear las defeiisas del Norte; ésta, formada por la fragata Almansa y la goleta Vencedora, debía operar contra las baterías del centro y contra los monitores peruanos. A las once y cincuenta rompió el fuego la Numancia, y bien pronto la tierra y el mar retemblaron al estruendo de los cañones, cuyos proyectiles se cruzaban en el espacio formando bóvedas de muerte, bóvedas, de cripta. Con terrible impetuosidad jamás vista en los mares, los barcos españoles, que hablan salvado maravillosamente los torpedos, acercábanse al enemigo hasta rascar el fango con sus quillas, disparaban sus andanadas á efecto seguro, y por su mismo Ueroico valor se salvaban de los grandes proyectiles, que pasaban zumbando sobre las fragatas y se hundían en el mar allá muy lejos como demonios desesperados. Poco á poco iban callando los cañones enemigos, desmontados por nuestros proyectiles. Uno de la Blanca penetró en la famosa torre blindada que teníamos enfrente y la voló con toda su guarnición y con el ministro de la guerra peruano. A nuestros gritos de júbilo se unía el comandante, gritando á los contrarios despavoridos: ¡Aquí está Topete I Pero el blanco preferido por ellos era la Numancia. Al flij lograron meter una granada que, rompiendo la bitácora y la barandilla del puente, causó ocho heridas á Méndez Núñez. A los demás barcos no llegó a noticia de esta desgracia.