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Baliama; rindióse, herido Álava y después de desesperada lucha, el Santa Ana, y so rindió el Saii Juan Nexmniiceno muerto Ohurruea, pero no antes! Galdós, en su liermoso episodio Trafalgar, cuenta así por boca do uno do los personajes de ese libro t a n trágico suceso: Desde que salimos de Cádiz, Churruca tenía el presentimiento de este gran desastre. E l había opinado contra la salida, porque conocía la inferioridad de nuestras fuerzas, y además confiaba poco en la inteligencia del jefe Villeneuve. Todos sus pronósticos han salido ciertos; todos, hasta el do su muerte, pues os indudable que la presentía, seguro como estaba de no alcanzar la victoria. El 19 dijo á su cuñado Apodaca: Antes que rendir mi navio, lo he de volar ó echar á pique. Éste es el deber de todos los que sirven al rey y á la patria. El mismo día escribió á u n amigo suyo diciéndole; Si llegas á saber que mi navio h a sido hecho prisionero, di que h e muerto. Ohurruea era hombre religioso, porque era u n hombre superior. El 21, á las once de la mañana, m a n d ó subir toda la tropa y marinería, hizo que se hincaran de rodillas y dijo al capellán con solemne acento: ¡Cumpla usted, padre, con su ministerio, y absuelva á esos valientes, que ignoran lo que los espera en el combate! Concluida la ceronronia religiosa les mandó poner en pie, y hablando en tono persuasivo y fli me, exclamó: T ¡Hijos nríos: en nombre de Dios prometo la bienaventuranza al que muera cumpliendo con sus deberes! i Si alguno faltase á ellos, le haré fusilar inmediatamente; y si escapase á mis miradas ó á las de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar, sus remordimientos le seguirán mientras arrastre el rosto de los días miserable y desgraciado! Refiere seguidamente la lucha del Nepomvceno contra tres navios ingleses primero y contra seis después, y narra de este modo la muerte de Churruca: Entretanto Churruca, que era nuestro pensamiento, dirigía la acción con serenidad asombrosa. Comprendiendo que la destreza había de suplir á la fuerza, economizaba los- tiros y lo fiaba todo á la b u e n a puntería, consiguiendo así que cada bala hiciera u n estrago positivo entre los enemigos Aquel hombre débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía el más á propósito para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía á todos cierto ardor desconocido sólo con el rayo de su mirada. Pcro Dios no quiso que saliera vivo de la terrible porfía. Viendo que no era posible hostilizar á u n navio que por la proa molestaba al San Juan impunemente, fué él mismo á apuntar el cañón, y logró desarbolar al contrario. Volvía al alcázar de popa, cuando una bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha con tal acierto, que casi se la desprendió del modo m á s doloroso por la parte alta del muslo. Corrimos rj, TJT á sostenerlo, y el héroe cayó en mis brazos Le vi tratando de reaniínar con una sonriEW sa su semblante, cubierto ya de mortal palidez, mientras con voz apenas alterada exclamó: Esto no es nada. ¡Siga el fuego! Í. t- -r La mitad de la gente estaba muerta ó herida; la mayor parte de los cañones desmontados; la arboladura, excepto el palo trinquete, había caído, y el tim ó n n o funcionaba Ninguno de los seis navios ingleses se atrevió á intentar u n abordaje Churruca, en el paroxismo do su agonía, mandaba clavar la bandera y que no se rindiera el navio mientras él viviese Dio las gracias á la tripulación por su heroico comportamiento, dirigió algunas fw palabras á su cuñado Ruiz de Apodaca, y después de consagrar u n recuerdo á su joven esposa y de elevar el pensamiento á Dios, cuyo nombre oímos pronimciado varias veinte por sus secos labios, expiró con Lad de los justos y la entereza de los Cuando se rindió, muerto Churruca, no antes, el JVepomuceo y subieron á bordo los oficiales do los seis barcos ingleses ue lo hablan combatido, todos querían como lauro la espada el capitán, ante cuyo cadáver augusto se descubrieron con espeto. Y después de las hermosísimas frases con las cuales Gah dos narra tan heroica empresa, después del altísimo ejemplo con que Churruca inmortalizó su nombre, sólo se debe decir á los marinos españoles, arrastrados á inicua guerra por la codicia do la canalla yankee: i Dejadnos asociar las glorias antiguas á vuestras glorias venideras I ¡Batios como en Trafalgar, porque os toca vencer como en L e p a n t e! Av, i. í íi, i i J O S É DE R O U R E DiEWO DB MAKTlNEZ ABADES JZ.