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UNA SESIÓN ACADÉMICA T á ser fidelísimo cronista de la úlesión celebrada por nuestros in f ruego á estos señores, si acaso leen mi relato, que no me atosi, ciones inútiles; tengo todos los destruir sus argumentos, y Oitoy ibo. a Real Academia Española de la Madrid, y aun supongo que en el el secretario perpetuo de la Acadela escena y D. Manuel Tamayo y j de su despacho particular se ennó al salón de sesiones académicas. je ya en él D. Mariano Catalina, no todo lo erguido que fuera de su gusto, y entre ambos inmortales, con casa propia en el palacio vecino á la iglesia de San Jerónimo, entablóse el siguiente diálogo: -iHola, amigo D. Manuell ¿Cómo va ese valor? -El valor no va mal, amigo D. Mrriano; pero la dispepsia le sigue los pasos. -lOomo! ¿no anda bien ese estómago? -Lo mismo que un reloj descompuesto. -Pues á mí me sucede lo mismo. La pirosis me angustia á las dos horas de toda comida. -Envejecemos, querido Catalina. -Amigo Xamayo, I triste es decirlo I, pero así sucede. ¡SalveI dijo en esto el Sr. Commelerán entrando en el salón (Je sesiones; y después de anunciarse en latín preguntó afablemente en castellano: ¿Cómo va, queridos compañeros? -No bien del todo, D. Francisco, le contestaron; ¿y usted, cómo se maneja? -Hombre, las piernas rigen todavía y no se quejan del peso del edificio; pero el estómago, ¡hecho una lástima! Cansado estoy de consultar á uno y á otro médico y de tomar éstos y aquéllos potingues. I Nada! Mi estómago se resiste á toda clase de medicinas, y hoy está más rebelde que nunca. -Pues de eso mismo, es decir, de nuestros estómagos, nos quejábamos cuando usted llegó. ¿Será la primavera médica? -Es posible que sea la primavera médica, un poco adelanta! adelanta todo. Mas he aquí al amigo Selles. -Buenas noches, señores. ¡Decididamente voy á dejar de fumar: -Siempre está usted con el puro en la boca. -Pues éste es el último. ¿Le salen á usted malos? -No, hombre, que me estropean las digestiones. Tengo hoy un ardor en la garganta como si me hubieran aplicado un cáustico en ella. Y luego de vez en cuando siento unas náuseas ¡Maldito puro! Es el últin: o que me estropea una digestión. Déme usted lunibrí Catalina. -Siento no poder complacer á n ted; no tengo tosforoí. Tal vez los ter. a Menéndez y Peláyo, que acaba de llegar. ¿Tiene usled un fósforo amigo Marcelino? -Lo qne tengo es. buenas noches, señores; lo que ten go es