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a I A Santa Cruz de Solano, i y pueblecito muy sano, muy alegre y muy tranquilo, llegó á pasar el verano el señor marqués del Tilo. Le acompaña su hija Rita, que está anémica la pobre. La corte la debilita, y piensan que allí recobre la salud que necesita. ya tendrá un hambre horrorosa- Se cura seguramente con el agua de una fu. ente que yo llamo milagrosa. Sale el chorro limpio y puro entre heléchos y zarzales, y es aquella agua, lo juro, de resultado seguro en esta clase de males. JES tan eficaz. -Lo es. 36 curara- ¡Ya lo creo! Mañana mismo, marques, Un mes iba transcurrido iremos juntos los tres sin que hallara alivio alguno, á la fuente, de paseo. y el marqués, muy afligido, ¿Está lejos? mandó llamar á don Bruno, -Algo, sí. el médico del partido. A media legua de aquí. -Le he llamado á usted, doctor. -Pues mandaremos traer para que á esta niiía vea, el agua. pues confieso con dolor- No puede ser. que se encuentra en esta aldea Tiene que bebería allí. como en Madrid, ó peor. ¿Se puede ir en coche? Quiá -No hay que aourarse, marques I Tomaré con interés ¿Y á caballo? él caso, pues lo merece, ¡Quite allá! y á a chica me parece- -Pues yo no creo que Rita que la curo yo en un mes. se atreva á ir- ¿Es cierto. -Pues sí irá. -N o haya impaciencia. ¿Cómo? ¿Que cómo? ¡A patita. Aunque la anemia es un mal Muy temprano el sol no abrasa. muy rebelde, no es dolencia ¡Si es un paseo muy grato, tan grave para la cual y á gusto el tiempo se pasa! no halle recursos la ciencia. Pues que el hierro que ha tomado Llegan, se descansa un rato, toma un vasito, y á casa. en cantidad fabulosa- -Seguiré su plan fielmente. ningún resultado ha dado. -Verá usted que ese agua es probaremos otra cosa un gran tónico, excelente. de seguro resultado. ¡Lo más reconstituyente- ¡Ay, Dios lo quiera, doctor! que he conocido, marqués! -Dios lo querrá, sí, señor. Yo curo á esta señorita. ¿Qué tal duerme. II- ¡Es un horror! Siguieron la prescripción No duerme la pobr cita. que el médico les dictaba, -J Y ejercicio corporal. y e! marqués ¡oh admiración! -Se pasa el día sentada. vio al mes que la niña estaba -Y de apetito, ¿qué tal. en completa curación. Pues de apetito, muy mal. Comía perfectamente; ¡Si no come casi nada! se iban tiiíendo de rosa- -Pues si hoy está inapetente, Ante esa cura ejemplar, don Vicente, el boticario, se empezó á preocupar, y se dijo: -Hay que estudiar este caso extraordinario. Hizo ir al día siguiente al médico á la botica, y le dijo: -Francamente, diga usted, ¿cómo se explica el milagro de esa fuente? ¿Qué aguas son? He presentido que eran bicarbpnatadas; A pero esta mañana he ido á la fuente, y me he traído dos botellas bien lacradas. Y aquí está lo singular. Acabo de analizar el agua de una botella, y yo no he encontrado en ella nada de particular. Se echó don Bruno á reír. El boticario, amoscado, no sabía qué decir- -Yo soy un médico honrado, y np me gusta mentir. No analice usted ya más, pues si analiza, es probable que halle algo extraño quizás Ese agua, es agua potable como todas las demás. No gaste otro reaGti p y tire la otra botella. -Pero ese agua... ¡Por Dios vfvo! ¿cuál es entonces en ella el agente curativo? -Mi querido don Vicente, ¡no sea usted inocente y comprenda su ignorancia! Lo que cura es ¡la distancia que hay desde el pueblo á la fuente! VITAL AZAS OlBCjo OE MÉNDEZ BBOrsA V. -v T-