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ESCENAS SEVILLANAS Tuvo Sevilla sus ferias eíi tiempo de los moros como tantas otras ciudades musulmanas, pues era usanza de ellos. Luego de reconquistada, concedióle el rey D. Fernando III tres ferias francas anuales; una quince días antes de Ja Pascua de Pentecostés, otra en toda la octava de la Asunción de Nuestra Señora, y la tercera quince días antes ó después de San Miguel. No se sabe por qué causa, pero sospéchase que por incuria, perdióse la costumbre de celebrarlas, y sin ferias vivió Sevilla muchísimos años, hasta que en 18i7 solicitó el Ayuntamiento la gracia de celebrar feria los días 18, 19 y 20 de Abril de cada afio. La obtuvo, y desde entonces se vienen celebrando sin interrupción. Su importancia aumenta de afio en afio, y hoy es quizás la principal de las ferias españolas. Atraídos por su fama y por los muchos encantos de la ciudad en que se celebra, acuden á ella forasteros de todas las provincias de España y aun de fuera. La animación y la alegría que allí reinan, la suavidad del clima, lo azul del cielo, la novedad y variedad de tipos que se reúnen, son otros tantos atractivos. El artista encuentra en la feria Sevilla na asuntos bellísimos en que inspirarse, cuadros llenos de vida capaces de avivar el entusiasmo de la imaginación más perezosa. Nada más hermoso y genuínamente andaluz que el espectáculo de las casillas del Prado de San Sebastián en las noches fie feria. Estas casillas, que están adosadas unas á otras y colocadas en larga fila bajo la arboleda del Prado, no son otra cosa que preciosos nidos provisionales hechos de lona y de tablas, que cada íamilia adorna con los muebles reunidos de la parentela y que las niñas andaluzas embellecen con notables perfiles. Pianos, espejos, mecedoras y duquesita. 8, alfombras, cortinajes, todo se transporta al Prado en esos días, qne hay quien pasa en huelga perpetua, en esas tiendas que no tienen nada de la tienda árabe, pues en vez de, desiertos arenales rodéanlas oasis rebosando plan tas y flores. Be dos casillas se forma á veces una sola, y multitud de jóvenes que lucen en sus pechos y tocados las primeras rosas de Abril revuélvense como golondrinas en aquella jaula elegante. Sus trajes son variadísimos: ora se ve la atildada falda de corte francés, ora el vestido de medio pasó. La mantilla blanca de caladas y ricas blondas ó la mantellina corta salpicada de una red de motas de seda, el corpino ajustado, la manga corta y la media de seda, mézclanse con los atavíos transpirenaicos, formando el más anacrónico y original contraste. Tan pronto resuena el teclado como se oye el rasguear de la guitarra. Y como en todas las casillas de feria, con rara excepción, hay los mismos divertimientos, el conjunto que resulta abarcando el extenso Prado es el de una orgía inmensa. Cbocan las notas con las notas y los cantares con los cantareé; en cada cual de aquellos nidos se entregan á sus bailes y diversiones favoritas; y como todas están adosadas unas á otras, la trepidación se propaga y la chispa eléctrica del entusiasmo parece sacudir la fila entera. EL 18 D ABRIL EN SEVILLA