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que el telégrafo y el reporterismo volcaban sobre los papeles públicos fueron parte á retraer á nuestro valiente pueblo, que con una cordura y una serenidad sin límites cumplió sus deberes religiosos en dichos días. Era tanto más hermoso el espectáculo, cuanto que á la grosería y á los insultos yankées respondía Madrid confiado y sereno, sin que pueda achacarse á indiferencia la cordura, ni á frialdad el seso del pueblo de Madrid. Aquellos dos días en que callaron las campanas y casi hablaron los cañones, fueron de ansiedad inmensa y de patriotismo verdad. El nombre dé Dios estaba en todos los labios y el sentimiento de la patria en todos los pechos. Lo que podemos llamar la manifestación de los claveles fué sencillamente una hermosura, un espectáculo conmovedor y bellísimo de verdad. Sin previo acuerdo y con espontaneidad maravillosa, las mujeres madrileñas prendieron sobre sus mantillas claveles rojos y amarillos, algunas añadieron á las flores lazos y cinturones de los colores de nuestra bandera, y así la calle de Alcalá en las tardes de Jueves y Viernes Santo ofreció el espectáculo original de una manifestación femenina en que todo era bello, atrayente, puramente español: el aroma de los claveles, los coló res de la bandera, los rostros de las madrileñas h e r m o sos como nunca, porque la airosa mantiDOS MADBILBSAS lla habla destronado por cuarenta y ocho horas al antipático sombrero. Acaso los únicos madrileños que no disfrutaron de espectáculo tan hermoso fueron los ministros, que pasaron la- Semana Santa en cabildeos y reuniones, y los periodistas, que no tuvieron un momento de reposo: á Palacio, á la Presidencia, de aquí á Teléfonos, de Telégrafos á Gobernación. GKUPO D E P B B I O D I S T A S D B TJÍT COHSBJO E N P A L A C I O Entretanto, la residencia oficial de Mr. Woodford, asi como su domicilio particular en el barrio de Salamanca, estaban guardados por la policía, pero completamente olvidados del pueblo de Madrid. El mismo Woodford, al pasear á pie en esos días por las calles más céntricas de la corte, pudo observar que la opinión española se manifiesta de un modo más serio y más cortés que la opinión del populacho de Washington. LA L I G A C I Ó N N O R T H A M B B I C A K A E N M A D B I D