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EL MINISTRO DE ESTADO En estos días críticos para la patria, graves responsabilidades pesan sobre el ilustre hombre público encargado en el actual Gabinete de las relaciones extranjeras. Ante las probabilidades de un rompimiento internacional, considerará poca toda prudencia y escaso todo comedimiento; ante la felonía de un pueblo advenedizo é ingrato, estimará d é b i l toda protesta é inexpresivo el más duro reproche. De una parte, la sangre española le hará recordar el honor de la raza, alguna vez ven cida, pero nunca ni por nadie humillada; de otra parte, la perspectiva de una guerra cruel le hará recobrar la frialdad diplomática La figura del ministro de Estado es en los actuales momentos una de las más interesantes, y cuanto á ella se re fiera alcanza en la prensa eco profundo y vivo comentario. Sus conferencias con el jefe del Gobierno, con sus compañeros de Gabinete y con los representantes de las naciones europeas, son apun tadas por los reportera y telegrafiadas á provincias y al extranjero. La misma discreta reserva guardada por el miva á ser dificultosa la inteligencia de dos pueblos tan opuestos como el yankée y el español? Esclavos nosotros del honor, no hay utilidad ni ventura que no le sacrifiquemos; idólatras ellos del becerro de oro, no hay dique para su rapiña, ni sentimiento ni decoro alguno en su política de lucro y de granjeria. Es difícil que nos entendamos; las propias traducciones que la i n t e r p r e t a c i ó n de lenguas hará de las n o t a s diplomáticas de aquí y de allá no serán exacta versión de los documentos originales, p o r q u e no se comprenden ideas y a n k é e s en lengua española, ni pensamientos españ o l e s en forma yankée. Trabajo han tomamado sobre sus hombros las cancillerías europeas, si, como se dice, tratan de robustecer la paz, harto vidriosa y quebradiza con motivo de los últimos sucesos, porque la furia epiléptica de los jingos parece n e g a d a no ya á la razón, sino á todo atadero, mientras que la paciencia española va siendo tan grande, que una vez colmada va á ser imposible ni mentarla si quiera delante de es- DON p í o GTJLLÓIT nistro, y el mismo silencio mantenido según honrosa y jamás desmentida tradición en el ministerio de Estado, aumentan el interés al acrecentar el misterio. Ardua y penosa es la tarea diplomática del Gobierno, porque si es difícil lograr la avenencia de dos caracteres opuestos y de dos temperamentos contrarios, ¿cómo no Haga el cielo que la figura del ministro de Estado siga siendo durante mucho tiempo figura de actualidad porque su desaparición de la escena indicará que ya nada queda por hacer en las vías de arreglo, y que los preparativos de guerra que hoy se llevan silenciosamente salen á luz aventando los papeles de la diplomacia. Foiog, Franzen