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reyes se trasladasen á Sevilla ó á Cádiz, y lo tenía todo dispuesto con el mayor sigilo para que emprendiesen el viaje. El príncipe de Asturias, -contrario al viaje y enemigo implacable del privado, desbarató sus planes y causó su ruina. El i7 de Marzo por la tarde, el beredero de la corona á sus partidarios y les dio orden de que no se acostasen y de que vigilasen mucho. -Greo que es al amanecer cuando Godoy quiere que salgan de Aran juez mis padres, y es preciso evitarlo. LoB ánimos estaban tan excitados, los enemigos de Godoy reunidos á orillas del Tajo eran tantos y tan poderosos, que no pudieron contenerse, y el palacio habitado por el favorito (mansión del infante D. Francisco durante las jornadas de la reina Isabel y actualmente fonda de Pastor) fué completamente sitiado. A las once de la noche se vio salir de aquella morada una mujer cubierta con espeso manto, que se dirigía precipitadamente á una silla de postas que esperaba cerca de la verja del jardín- del Príncipe, protegida por algunos de los soldados que formaban la guardia especial de Godoy. Los que vigilaban quisieron conocer á aquella dama; los que la escoltaban se. opusieron; sonó en la reyerta un tiro, y aquella fué la sefial del ataque, pues mientras la dama, en quien se reconoció á Josefa Tudó, la amiga íntima de Godoy, huía, las masas invadieron el palacio del favorito, destrozando cuanto encontraban á su paso. En una habitación hallaron á la infanta esposa de Godoy, que estaba aterrorizada; pero la trataron con el mayor respeto, y mientras unos la acompaBa ban hasta el Palacio Eeal para dejarla al lado de los reyes, los otros continuaban registrando toda la cása- en busca de Godoy, contra el que proferían gritos de muerte. No le encontraron, y se dirigieron amotinados al Palacio, donde sumidos en la mayor angustia estaban Carlos IV y María Luisa. Los amigos del príncipe D. Fernando pudieron contener á los revoltoso? y aquella noche se pasó sin más novedad. Aldía siguiente, el rey, para calmar los ánimos y para salvar á su amado ministro, publicó el decreto exonerando á Godoy de tpdos sus grados y títulos y desterrándole á Granada. Pero ya eía tarde; los amotinados acogieron con gran júbilo el decreto, aclamaron al rey y á la reina, obligándoles á alir á los balcones de Palacio para vitorearlos, mas sin deponer su odio contra el ministro caído. i! V Éste, que liabía pasado más de veinticuatro horas escondido entre un rollo de esteras en UQ desván de su palacio, no pudo más, y rendido por la sed y por el hambre, se entregó á sus perseguidores, que le trataron cruelmente, causándole varias heridas y conduciéndole atado al cuartel de Guardias de Corps. Allí hubiera perecido, si Garlos IV y María Luisa, enterados del suceso, no hubieran obligado al príncipe D. Fernando á ir á socorrerle. El príncipe cedió á los deseos de sus padres y fué á ver al prisionero, que estaba en el más lamentable estado. Godoy creyó que el príncipe de Asturias era ya rey, y arrodillándose á sus plantas exclamó; -I Señorl 1 concédame su gracia vuestra majestad 1 No tanto, no tanto, Manuel, contestó sonriendo Femando; que mis padres viven. Y dirigiéndose luego á los que custodiaban al preso, les dijo: -Este hombre ha cometido grandes faltas, y debe caer sobre él todo el peso de la ley; pero es necesario conservarle la vida para que comparezca ante sus jueces. Con sto salvó la vida de Godoy, que volvió á ser encerrado. Al día siguiente llegaba á Madrid Murat y abdicaba Carlos IV en Aranjuez la corona de España en favor de su hijo D. Fernando, resolución de la que no tardó ínucho en declararle arrepentido. Godoy continuó preso hasta que Murat, obedeciendo las órdenes de Napoleón, le puso en libertad y le hizo conducir á Bayona, donde se reunió con sus reyes, de los que ya no se separó hasta que expiraron en Roma algunos años más tarde. KASABAL DlFüjr s DÍ: E S T E V A N