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í Áí CARLOS I V EL MOTÍN DE ARANJUEZ (19 DE MARZO DE 1 8 0 8) El mes de Marzo de 1808 fué funestísimo para el hombre más poderoso que habla por aquel tiempo en España, para el que desde posición modestísima había llegado á la cumbre de los honores y de las grandezas, para el príncipe de la Paz, generalísimo de los ejércitos de mar y tierra, ministro universal, enlazado por su matrimonio con una infanta de España con la real familia, y arbitro soberano de la voluntad de Carlos IV y de su esposa la reina dofia María Luisa. La estrella de aquel hombre, que había brillado espléndida desde que la reina le distinguió entre los guardias de Oorps, comenzaba á eclipsarse. Por igaal le odiaban el pueblo y la nobleza, le detestaba el ejército, y la nación entera le consideraba como la causa principal de los males que pesaban sobre el país. La principal causa de la popularidad del príncipe de Asturias D. Fernando era el odio que profesaba á Godoy, y á éste no le iba quedando en toda España más que el corazón de sus reyes, que no le abandonaron nunca. España estaba desde el principio de aquel año invadida por las tropas francesas; el general Dupont, que había extendido sus fuerzas por el antiguo reino de León, se había instalado en Valladolid con su cuartel general; el general Morney estaba en Burgos; Merle, que había ido á reemplazar á Montier, mandaba la legión francesa que ocupaba Navarra y las Provincias Vascongadas, y una fuerte división al mando de Duchesne acampaba en Aragón y Cataluña, mientras el generalísimo Murat, gran duque de Berg, al que su cufiado el emperador había confiado el mando de todas las tropas francesas que había en España, se dirigía á Madrid con el séquito y la pompa que eran en él habituales. La corte de España estaba en tanto en el Eeal Sitio de Aranjuez, donde no sin grandes inquietudes vivían el desdichado Carlos IV y su funestísima esposa. El príncipe de la Paz, lleno de sobresaltos y temores, había dispuesto que los i í LA R U S A MARÍA LUISA BL P R I K C I P S FERNANDO