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LA TRAMPA MAS INGENIOSA El gobernador de la provincia de Guadarrama no tenía más preocupación, allá por el mes de Marzo de 188 que el triunfo del candidato ministerial del distrito de Pelapavos D, Luis Mírete, sobrino del ministro de la Guerra, y ó quien á toda costa había de adjudicarse un acta. Constaba el distrito de diez pueblos, y en nueve marchaban las cosas á gusto del gobernador y del candidato. El cálculo más pesimista arrojaba en estos nueve pueblos, como muy probables, trescientos votos de mayoría para el candidato del Gobierno; pero esto no serviría de nada si en el décimo, que se llamaba La Gatera, no se llegaba á obtener mayoría también. Y la cosa era difícil. En La Gatera imperaba un cacique llamado el tío Marrajo, que no sabía leer ni escribir; sólo había Itegadoá pintar la firma; pero tenía el engaño por hábito y la marrullería electoral desarrollada en grado tal, que en él habían tropezado los más listos gobernadores y los candidatos más hábiles. Todo el pueblo era suyo, y siempre lo había puesto a l a disposición del conde de Arcilla, contrincante de Mírete en estas elecciones. Razón tenia, pues, el gobernador para preocuparse, porque en La Gatera había mil votos, y las súplicas y halagos del candidato ministerial no habían obtenido del tío Marrajo más contestaciones que las de: Haremos lo que se pueda Yo no tengo fuerza para obligar á los amigos á que voten contra el conde y otras por el estilo. Por añadidura, en esta ocasión el tío Marrajo, además del cacicato, tenía la vara de la alcaldía. Suspender al Ayuntamiento no servía de nada, porque los concejales con que se formase el nuevo Municipio también habían de ser adictos al tío Marrajo, como lo eran el juez, el boticario, el médico, y hasta el cabo y loa cuatro guardias civiles que constituían el puesto. -Aquí no habrá más remedio que jngarseel todo por el todo y hacer una barbaridad, decía el gobernador; y por fin se decidió á llamar al tío Marrajo á su despacho siete días antes de la elección, dispuesto á hacerse insultar, á buscar un desacato, algo que le permitiera encerrar en la cárcel durante algún tiempo al có ebre cacique. Contra lo que aquella autoridad esperaba, el alcalde de La Gatera acudió solícito y presuroso al primer llamamiento. El gobernador mandó salir á todas las personas que estaban en su despacho, y poniendo la cara más feroz que pudo, empezó la conversación con estas suaves palabras; -Me han dicho que usted es el ladrón más grande que hay en la provincia. -Oalunia, respondió el tío Marrajo sonriendo bonauhonamente y sin levantar los ojos del suelo. -Al primer gobernador liberal que hubo aquí después de la Regencia, le engañó usted miserablemente. Me han caluniadOi señor. -En las segundas elecciones del partido liberal repitió usted la hazaña, y para mantener sus bribonadas en La Gatera ofreció un apoyo que no cumplió -Otra calunia, señor. -Pero á la tercera va la vencida, y ahora hay aquí un gobernador á quien no le engaña usted ni nadie. Por ese distrito se presenta- D. Luis Mírete, sobrino del ministro de la Guerrp; en La Gatera hay mil votos: necesito seiscientos lo inenos para dicho señor; los otros cuatrocientos se los puede usted dar al conde. De lo contrario, acaba usted el afio en presidio, porque yo tengo pruebas de todas las raterías y de todas las canalladas que lleva hechas en su pueblo.