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Lo que la mujer quiere Dios lo quiere dice un antiguo refrán, y ellas no necesitan que la ley las reconozca el derecho de votar para reunir muchos votos. Las urnas de doble fondo, los relojes que adelantan ó atrasan según conviene, pertenecen ya á los recursos primitiyoe del repertorio electoral, pródigo en toda clase de astucias. La química 6 la habilidad de los pendolistas suele intervenir también en estos asuntos. Me parece que fué al general Castro al que hicieron perder una vez una elección sustituyendo en varias actas su nombre de pila por el de un hermano suyo, que le quitó así involuntariamente muchos otoB. Asi como no hay ninguna señora que al pasar la frontera no crea lícito el contrabando y ponga en juego mil recursos para ocultar de los carabineros lo que ha comprado en extrañas tierras, no hay candidato ni muñidor de eleccio nes que no crea legal y conveniente todo lo que conduzca á proporcionarle el triunfo. Y en el extranjero sucede lo mismo que en España, y los de oposición hacen lo mismo que los ministeriales cuando pueden. En nuestro país hay muchos tipos como el del Oosi, el de ISÍB pantorrillas, que se han hecho célebres por sus ardides electorales, y en el distrito en que ellos manejan el tinglado sólo sale elque ellos protegen. T Agustín Esteban Collantes decía que el candidato debía cultivar el distrito como el jardinero un jardín, y él ponía en práctica esta máxima. Uno de los diputados que más ha cuidado de sus electores ha sido el conde de Vüana, que tenía lista de los nom- bres, no sólo de ellos, sino de todos los individuos di la familia, á los que feUcitaba cortésmente los díacuando celebraban su santo. Un candidato que aspiraba á representar un di -ii montaña, estableció en Madrid una agencia de nodii- u. colocar en buenas casas á las parientas ó recomendí i- i electores. Y hacía bien, porque no hay nada más digno de atención que los que le conceden á uno su voto, haciéndole objeto de su confianza. Se habla mucho contra los cuneros, sin reparar que ha habido cuneros ilustres: el llorado D. Antonio Cánovas del Castillo, de insigne memoria, no fué nunca diputado por Málaga, ni Oastelar lo ha sido por Cádiz, ni Oampoamor por Asturias. Albareda se murió sin realizar su anhelo de ser diputado de oposición por Sevilla, por la que tanto hizo cuando fué ministro de Fomento. En elecciones, como en todo, se va adelantando mucho, y hoy se hila más delgado que en otros tiempos, siendo imposible hacer con sufragio universal y con libertad de la prensa lo que antiguamente se hacía. KASABAL DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINGA