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rSHT- r. j ARDIDES ELFXTORALES Ün novillo portero. -El retrato de un candidato. -Diputados atentos. -Cuneros Ilustres. A ningún asunto se puede aplicar con más exactitud que á los electorales el antiguo adagio que dice que tquien hizo la ley hizo la trampa pues todo parece lícito cuando se trata de ganar votos ó quitárselos al adversario. Las discusiones de actas en el Congreso son la narración repetidísima de los mil medios que se ponen en juego para conseguir este objeto, y no dejan de registrarse algunos casos curiosísimos. Eecuerdo entre varios el de aquel alcalde de un pueblo de la provincia de Ciudad Real que instaló el colegio electoral en una casa con dos puertas, de esas que, según ya dijo Calderón, son malas de guardar. Por la puerta falsa entraban á votar los amigos del Gobierno, y la principal estaba de par en par abierta para los demás electores desde la hora señalada por la ley. Pero era el caso que á un lado de esta puerta y por la parte interior estaba atado un retozón novillo, que era el primero que recibía al elector, al que no quedaban ganas de seguir adelante después de encontrarse con tal portero, á pesar de que desde la mesa le llamaban con la mayor amabilidad. Y iclaro es! sólo votaron los que sabían el secreto de la puerta falsa, con lo cual resultó con gran mayoría el candidato ministerial. El caso de aquel presidente de mesa que recibía á los electores embozado en su capa, que sacaba la mano por encima del embozo para recibir la candidatura y que después de meterla otra vez entre el pafio la sacaba por debajo para depositar la papeleta en la urna, se ha repetido varias veces. Al inolvidable Ramón Correa le pasó una cosa curiosísima la primera vez que se presentó diputado. Ya que no puede usted venir por aquí, le escribió el que trabajaba su candidatura, mándenos su retrato para repartirle entre los amigos, que apreciarán mucho esta prueba de amistad. Sabido es que si al chispeante autor de Bosas y perros le concedió Dios á manos llenas el ingenio, no le favoreció mucho físicamente hablando. Pero Correa, que no se apuraba fácilmente, tenía una magnífica fotografía de su íntimo amigo José Luis Albareda, que era entonces uno de los mejores mozos de su tiempo y que estaba retratado en gallardísima postura. La hizo reproducir, y mandó numerosas copias al distrito, donde no hay que decir que gustó mucho la figura del diputado, captándole las simpatías de las mujeres, punto que no deja de ser importante; porque aunque en España no hay damas como aquella duquesa de Devonshire que besaba con sus labios patricios á los carniceros de Londres para que votasen á Mr. Fox, no dejan las señoras de influir en las elecciones.