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¡Ánimo 1 Aquí tiene usted las órdenes para suspender nueve Ayuntamientos más. -Pero hombre, I no vamos á dejar uno I- ¿Y qué remedio? El criado. -Señor gobernador, ahí está un hombre que dice que es el papeletero. ¿Y qué es eso? A ver, que entre! Entró un sujeto de aspecto sencillo, que me dijo: -Yo soy el que suele hacer las papeletitas. ¿Qué papeletitas? -Estas; ¿ve vuecencia qué bonitas? Se conocen al tiento, y se cambian por las otras, por las buenas. Con unos presidentes de mesa listos, todos los votos son para el Gobierno, ¡Sa! ga usted de aquíl -A dos pesetas el ciento. ¡Salga usted, ó le mando prender! -Bueno, señor; se las venderé á las oposiciones! ¡Pero esto es imposible I ¿Quién toe sacó de Madiid? Secretario, hagamos un recuento; mañana es el primer día de elecciones, y á estas fechas no sé cómo andamos. -También hay que suspender al Ayuntamiento de esta capital. -iPero por. el amor de iJiosI- -Si no, nos revientan. -Bueno; ¿pero el aspecto general... -El aspecto general es el siguiente Los electores están este afio muy bravos; son de cuatro yerbas, y la mayor parte de ellos están placeados. -Tiene usted un modo de hablar, que se lo voy á contar á D. Trinitario. -Ya sabe usted que soy torero de sangre. Paes este año no votan menos de seis duros, uno con otro. Solamente suspendiendo estos pocos Ayuntamientos que tengo aquí de reserva 1 Por favor I -Y oponiendo al oro de la reacción unos candidatos que les ganen la cabeza á los toros. Todos los ministeriales son personas de arraigo! -Bueno, pues que vengan todos mañana. Pondremos en to- das las plazas faentes de vino, y un guardia civil al lado de cada elector. Haremos pagarés de diez duros á cobrar dentro de tres meses; y si les prometiéramos un puente y una placita de toros á cada pueblo... Yo me voy esta nochel- -Bueno, yo lidiaré la corrida entera, porque veo que el señor go iernador no se ha enterado de que ya no; hay ni partidos, ni gobierno, ni nada más que unos cuantos millones de ciudadanos que en leyendo un decreto de convocatoria dicen: Bueno; veremos quién ofrece más. Ya sé que el sagrado derecho me procura un día de juelga, diez duros de momio y la colocación de mi sobrino. Si el señor gobernador no lo ve así, más valdrá que se retire. No, no puedo! Sería una cobardía! Vamos á ultim- ar los preparativos del día de mañana. Escriba usted: Doce docenas de chorizos. Cuatro compañías de Guardia civil. Dos mil papeletitas de esas al tiento. -Todo eso va bien; pero se nos ha olvidado, con tanto hablar, que tenemos sin suspender seis Ayuntamientos monteses de los más peligrosos- ¿Todavía, más? -Porque los del distrito del duque los suspenderemos una hora antes de la corrida! Haga usted lo que quiera! ExTSEBio BLASCO DiOTi. ios nE N A V A E K E T E