Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Abundó la Junta Central en el deseo de sus homónimas las pro- v i cíales; pero disaelta y sustituida por el Consejo de Regencia, formíi i de hombres chapados á la antigua y enemigos de toda clase de reí mas, creció la agitación hasta tal punto, que el propio Consejo, arj i trado por la opinión y aun á instancias que el mismo Fernando hizo desde Bayona, publicó la convocatoria para 1. de Marzo de 18 con la cláusula de si las circunstancias y defensa del reino lo per tieren Esta dilatoria y el estado de guerra en Andalucía, cada vez más c tigada de los franceses, fueron aplazando el cumplimiento de la í i mesa, con el disgusto consiguiente en los entusiastas de la nueva id que tenían en Cádiz su foco principal y centro de acción. Tras no pocas disputas y reparos se publicó el decreto definitivo la Regencia de 18 de Junio reiterando la convocatoria anterior, fijando la isla de León como punto de reunión de las Cortes y encargmdo que los diputados llegasen á Cádiz en todo el mes de Agosto. Todavía surgió la duda de si las Cortes habían de reunirj se por brazos ó Estamentos ó en una sola Cámara, formando juntas los proceres y los representantes del pueblo; pero al fin se decidió que el o era asunto á resolver por las mismas Cortes una vez reunidas; y sin más inconvenientes graves, comenzaron las primeras elecciones generales en Espa fia, con gran entusiasmo de los gaditanos y ante el fruncido entrecejo del obispo de Orense, presidente del Consejo de Regencia y enemigo declarado de tamañas innovaciones. Corría entonces la canícula del citado afio de 1810. E L CONDja Dffi XORENO Los diputados se eligieron por insaculación, encantarando los nombres de los tres candidatos que obtenían mayoría de votos, y el procedimiento electoral era el indirecto, pasando la elección sucesivamente por los tres grados de provincia, partido y parroquia. El sistema no pudo ser más restrictivo, pero en cambio el derecho era amplísimo, pues se concedía un diputado no sólo á cada antigoa ciudad de voto en Cortes (que esto sólo se hizo como acatamiento á la costumbre) sino también á las Juntas provinciales en premio á sus servicios, y luego á todo el pueblo español, á razón de un diputado por cada 50.000 almas. Para ser elector se exigió la edad de veinticinco años y ser hombre de casa abierta para ser elegible, poder ser elector y ser natural de la provincia. El cunerismo, por consiguiente, es posterior á las Cortes gaditanas. El cargo de diputado era irrenunciatóe, y sus poderes amplísimos nada tenían de común con el antiguo mandato imperativo de los procuradores castellanos, que hoy, al cabo de los años mil, pregonan las escuelas ultrarradicales. Eran, pues, verdaderos diputados de la nación y no de los distritos; podían resolver sin limitación alguna, no sólo t do lo concerniente al establecimiento y mejora de la Constitución funja mental, sino también todos los puntos y materias que. pudieran proponerse en las Cortes, con plena, franca, libre y general facultad Otra de las innovaciones más famosas establecidas por la Convocatoria fué hacer extensivas la. s elecciones á todas las colonias de Asia y América, muy numerosas y fuertes entonces. Mas como la llegada de estos diputados ultramarinos, así como la de los representantes nombrados en provincias españolas ocupadas por el enemigo, podría dilatar más de lo conveniente la apertura de las Cámaras, se acordó el nombramiento de diputados suplentes mieni 1 a- llegaban los propietarios. I stas elecciones de suplentes, que fueron, á no dudar, las más reñidas y 1 rji uadas, tuvieron lugar en Cádiz entre la colonia formada por los emigrados de cada provincia, que eran muchísimos. Solamente los emigrados madrileños pasa, ban de cuatro mil. De esta macera fueron elegidos D. Agustín Arguelles, sup ente por el Principado de Asturias, y don Juan Nicasio Gallego, suplente por la Junta provincial de Zamora. La lucha electoral fué en Cádiz interesante y reñida, no sólo entre los candidatos, sino entre el numeroso público de electores, gente entusiasta por las nuevas ideas, y los magistrados que presi dían las Juntas electorales, y que por punto general no sentían aquellos entusiasmos. Despertó el natural interés la elección del diputado por Madrid, mas no correspondió el resultado á la curiosidad y empeño del público, habiendo resultado electo un sujeto muy apreciable, pero de escasa fama y nota. D. A G U S T Í N AKCÜELLKS