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i y muy fino y llamar á Pepe, el mozo que nos ha servido, gritándole: tjTocayoI Todos los camareros del café: ¡Allá voy, señorito! En la sacristía de una parroquia de los barrios bajos: -Dése usted prisa, D. José, que hay cinco bautizos esperando. -Vaya, buen día de cristianar se presenta. Tiraremos la colillita. Ea, que pasen los catecúmenos. A ver, la primera criatura. ¿Quién es la madrina? -Servidora. ¿Y el padrino? -Servidor. ¿Cómo se va á llamar el niño? -José. ¿Padres? -Desconocidos. -Bueno; pondremos hijo de José y Josefa. El padrino puede coger al niño en brazos, y A ver, la segunda criatura. ¿Quién es la madrina? -Servidora. ¿Y el padrino? -Servidor. ¿Niña, eh? ¿Cómo se va á llamar la niña? -Pepa. ¿Padres? -Desconocidos. ¡Huml Bueno; pondremos hija de Josefa y José. El padrino coja á la niña en brazos. A ver, la tercera criatura. ¿Quién es la madrina? (Véanse tres veces las dos criaturas anteriores. -Ahora vengan todos rezando un Credo hacia la pila bautismal. El sacristán: D. José, ¿llevo las apuntaciones por si acaso? -No, hombre, con decir José en latín y echarles agua bendita, punto terminado. tOreo en Dios Padre... Madrid se acuesta. ¡Pepel- -Voy en seguida. Hoy se retira usted más temprano que de costumbre. -Sí, anoche dormí mal, y hay que dar al cuerpo lo que pide. -Tiene usted razón. Ahí va una cerillita. (Voz en la calle: í ¡Pepe! -Gracias; te están llamando. -Sí, uno de los estudiantes del 15. Allá val- -Hola, Pepe, ¿dónde andabas? -Abriéndole á ese señor retirado del 30. ¡Caramba! ¡M que fueras Ensebio Blasco! ¿Han venido las del segundo? -Hace media hora. -Pues corro á mi observatorio. Desde la ventana de mi cuarto se fila el cuarto de la más rubia, y si tú vieses- -Ahí va una cerillita. -Gracias, Pepe; me parece que te llaman. -Sí; la pasiva del 42. -Pues anda, que la pasiva se impacienta. ¡Allá val Una hora todavía de c ¡Pepes 1 y Madrid queda dormido. Madrid se kvanta. Pepe el sereno pegando con el regatón del chuzo en las trampas (visibles) de una carnicería; ¡Pepel Levántate, que ya es hora. Voz adormilada en el interior de la carnicería: ¡Allá voy, Pepe! El sol asomando en el horizonte madrileño por donde acostumbra; ¡Vamos á ver qué les ocurre á esos Pepes 1 Pues señor, Madrid se acuesta y se levanta entre Pepes. ¡Qué envidia tendrá á Madrid la mujer de Putifar 1 JOSÉ DB E O T J R E DIBUJOS DB A L V A R E Z SALA