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ni VA incidente más notable que ocurrió en la corrida de la mañana del siguiente día lunes 11 de Mayo de 1801, fué que Pepe- lUo, que alternó sólo con Jaan Komero por no haber llegado á Madrid Joaquín Rodríguez Costillares, qutí era el otro espada anunciado en los carteles, fué enganchado por uno de los toros de Briceño, produciéndole un leve rasguño y una ligera contusión en una pierna. A pesar de resentirse bastante de la última de estas lesiones siguió toreando, y á las cuatro dio comienzo la corrida de la tarde. En séptimo lugar había de correrse Barbudo, y en efecto, cuando aún no eran las cinco y media se presentó en el redondel. Como saliese abanto y sin fijeza alguna, Pepe- Illo le paró con la capa, haciendo algunas suertes con limpieza, pero que no resultaron de todo el lucimiento esperado, por la cobardía del toro. Estaban de tanda Cristóbal Ortiz y Colchoncillo, y como el último de ellos sufriera una regular caída, le sustituyó el reserva Juan López, sin que de ninguno de ellos tomara la res vara alguna con verdadera bravura. En malas condiciones le hallaron los chulos Antonio de los Santos, Jaramiilo y Díaz, que adornaron á Barbudo con cuatro pares de banderillas. Entonces sonaron los clarines, y tomando Joseph Delgado estoque y muleta se fué al toro, no sin dirigir antes la vista á un palco en que una hermosa dama seguía con gran interés los incidentes de la lidia. Delgado, casi debajo de aquel palco, empleó sólo dos pases naturales y uno de pecho, quedando después de este último el lidiador lejos de la barrera, sobre la cual le había encerrado la res al empezar el trasteo. Pepe- Illo se acercó poco á poco, lió la muleta por bajo, y con suma rapidez cayó sobre el toro, introduciendo en el morrillo el estoque hasta la mitad. Pero la res, que estaba inmóvil, alargó el testuz, y tomando al lidiador por el cafión derecho del calzón le volteó con tan violento derrote, que el desventurado espada quedó sobre la arena con los brazos abiertos y privado de sentido. m Lo que pasó después es demasiado sabido para que me detenga en narrarlo. Recogido el torero dos veces más por la res, á pesar del auxilio de los capotes y de haber intentado el picador Juan López castigar al toro con la garrocha, unos minutos después de recibir la Extremaunción, del torero que había sido el asombro del público no quedaban más que unos despojos mutilados como hombre alguno salió nunca de las astas de un toro. IV La impresión que en los espectadores produjo la espantosa catástroíe fué tan profunda, que por centenares pudieron contarse las personas que abandonaron la plaza. Pero tal vez á nadie causó efectos tan desastrosos como á una hermosísima dama que más de una vez reprodujo en el lienzo el pincel de Goya. A punto de perder la razón, por espacio de largos días dio en la más extraña de las obsesiones, no dejando de repetir como si estuviera delante el mutilado cadáver; ¡Yo, yo he sido quien le ha causado la muerte I ÁNGEL R. CHAVES DIBUJOS DE P E R B A Y J CilAVEtí