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Pepita Salamanca es hoy la señora de íernández Brémón, y una dicha completa y uíia posición honrosa la consolarían de la pérdida de sus pasados esplendores si alguna vez la hubiera sentido. Pepita Barrientes fué una poetisa muy guapa, de noble familia malagueña. Casó con el conde de Barsent, y murió muy joven, dejando un simpático recuerdo. Pepita Serrano, la hija de los duques de la Torre, que casó con el príncipe de Katohoubey, es una Pepa hermosa; y no se podrá hablar de las bellezas granadinas sin recordar á otra Pepa: la marquesa de Torrealta, vizcondesa de los Villares. Paisana suya es otra Pepa que ocupa un distinguido puesto en la sociedad de Madrid: la actual señora de Valera, que estuvo casada en primeras nupcias con el conde de Catres, y que ha dado preciosas fiestas en su elegante casa de la calle de Lope de Vega. Presidiendo fiestas suntuosas y artísticas, se ha distinguido y se distingue todavía otra Pepa que en Madrid goza de muchas simpatías: Josefina Barnés de Gómez, esposa del senador D. Protasio, y em. presaria de uno de los teatros de salón más notables de Madrid, el instalado en su palacio de la Carrera de San Francisco. Pepa se llamó una santa que está de seguro en el cielo: la esposa del eminente hombre público D. Francisco Romero Robledo. Una Pepa muy hermosa es la que conocimos de soltera en los círculos aristocráticos de Madrid con su hermana mayor la actual condesa de Esteban Collantes y sus primas las señoritas de Adalid: Pepita Sandoval, que así la llamábamos entonces, casó con un diplomático portugués, el Sr. Vasconcellos, y hoy es gala y adorno de la corte portuguesa y dama muy querida y apreciada de la encantadora reina Amelia. La marquesa de Espeja, madre del actual duque de Valencia, fué otra de las Pepas más notables de la aristocracia de Madrid, en la que brilló tanto por su belleza como por sus virtudes. Federico Madrazo copió su imagen elegante y distinguida en uno de los mejores retratos que salieron de su pincel, y que preside hoy las admirables obras de arte que el duque de Valencia ha reunido en su elegante hotel de la calle de Don Evaristo. Doña Pepita Ribera, viuda de Milanos, que vive hoy por completo retirada del mundo, figuró mucho en el Madrid artístico del tiempo de los Madrazos, pues es hija del famoso pintor de cámara de Carlos IV D. Juan Antonio Ribera, y hermana del insigne D. Carlos Luis, autor de las pinturas que adornan el Congreso de los Diputados y director de la restauración artística de San Francisco el Grande, donde dejó huellas de su genio. De seguro dejaré de citar, con la precipitación con que escribo estas líneas, á muchas Pepas notables; pero no dejaré en el tintero á la más popular en España y en todas las regiones donde se hable el idioma hermoso de Cervantes: á Pepita Jiménez, la hija intelectual de D. Juan Valera, una de las heroínas de novela más célebre de nuestros días, sin haber hecho otra cosa qne trastornar la cabeza del seminarista D. Luis de Vargas, que colgó por ella los hábitos. Esta Pepita será inmortal, porque es pepita de oro purísimo, gracias al ingenio del que la lanzó al mundo. KASABAL. DIBUJO DE B L A N C O CORIS