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Con una plumada del ministro se ha logrado lo que se buscaba; pero ¿durará mucho esta baja de las harinas? Esa ya es harina de otro costal, y esos son otros López Puigcerver. La cuestión del momento está ya resuelta. Tenemos pan de hoy, es decir, pan tierno. ¿Pero se quería, por ventura, que el Gobierno nos proporcionase pan para dentro de un mes? Sería muy duro. De los granos de hoy se encarga la Gaceta. De los de mañana se encargará la primavera médica, Dios mediante. Y en cuanto al pueblo de Madrid, ese tiene asegurado no sólo el pan, sino también los toros. Tres magníficas corridas de abono tendremos esta Cuaresma; la primera ya se dio el domingo pasado; por cierto que el Guerra llegó tarde, como la autonomía. El pan también es de abono: nos le abona el señor Alcalde. De hoy más, se venderá al peso en todas las tahonas, y habrá zoquetes suplementarios y panecillos con cpieza separada que dicen los curiales. Los tahoneros están de pésame. Y el Alcalde de enhorabuena Porque esa sí que es obra de romanas. La primera mirada de todo madrileño al levantarse, es hacia el Guadarrama; á ver si hay nieve en las cumbres. La segunda es hacia el Retiro: á ver si hay cofas militares sobre el estanque. Tales van siendo, en efecto, los movimientos de expansión de la escuadra norteamericana, que el mejor día vamos á ver, como llovido del cielo, en el pilón de la Cibeles un acorazado yankée del tipo del Texas ó de cualquier otro tipo semejante. Dificultosa es la empresa de poner un acorazado en medio de Madrid; pero dado el modo de regar que tienen los mangueros del Municipio y la afición de los yankées á meterse en los charcos siempre que esos charcos sean españoles, no es imposible que veamos flotar un barco de guerra en raiedio del arroyo. La única dificultad consiste en el calado. Pero aquí se cala poco, generalmente. Vivamos prevenidos. Ho está libre el mismo D. Práxedes de alguna sorpresa des agradable al sentarse á comer. ¿Qué sopa tenemos hoy? -Sopa de estrellas. Y al destapar la sopera, flotando sobre la sopa de pastas significativas, hete allí un crucero norteamericano con sus máquinas, sus cañones y sus tubos lanzatorpedos. -Eso no puede ser, dirá el lector; usted se deja llevar de la hipérbole. Yo no me dejo llevar de esa señora, y primero abandono la capa en sus manos; pero crea el lector desconfiado que esa sorpresa puede surgir el día de mañana lo mismo en la sopera de D. Práxedes, que en el puchero de Oapdepón, que en la mantequera de D. Pío; lo mismo en un bisté de Correa que en el salero de D. Segismundo. Y antes nos faltarán á nosotros interjecciones de protesta que á los yankées palabras de justificación; ¿A qué han venido ustedes á Madrid? -A traer socorros á los reconcentrados. ¿Reconcentrados aquí? -Sí, señores; Sagasta que se mete en casa, Guitón que no dice; esta boca es mía Moret que ya no dicta. ¿Qué más reconcentrados que esos? Vivamos prevenidos, como antes dije. Porque aún falta por desollar la popa del Maine, y hay comisionado yankée capaz de vestirse de buzo y bajar al fondo de los mares en busca de testigos de cargo. Hay peces para todo. Y aunque será triste, no deja de ser probable que se tengan en cuenta las declaraciones de cuatro besugos. DlBVJOa DK CILLA LUIS ROYO VILLANO VA