Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-7- Mi sufrimiento es tal- -declaró estrujando las rnanos de su amiga, en aquel momento heladas de terror, -que necesito echar por la calle de en medio, realizar una acción decisiva: á seguir así me volverla loco, y haga lo que haga, quiero hacerlo estando cuerdo, poseyendo la conciencia de mis actos. Cuando te aplauden, siento impulsos deprender fuego al teatro; cuando se te llena de necios y de osados el camerino, se me ocurre sacar la espada y entrar pegando tajos á diestro y siniestro. La tentación es tan fuerte, que por no ceder á ella suelo marcharme á mi casa; pero como me cono 2 co y sé que tarde ó temprano cedería, prefiero consultarte, confesarme contigo, -á ver si entre los dos discurrimos modo de salvarnos. Laura miraba fijamente al oficial, notando con, profundo estremecimiento el brillo siniestro de sus pupilas, el temblor involuntario de sus labios cárdenos, el fruncido de sus cejas, la crispación de sus dedos, la alteración de su voz; y con dulce sonrisa y acento que chorreaba ternura, le preguntó, entre un intento de caricia que rehuyó el celoso: ¿Y qué has pensado hacer, Vicente raio? Ya que discutimos amigablemente, dímelo sin reparo y te contestaré con franqueza. ¡He pensado que nos casemos, que seas mi esposa! -declaró Zegrl. ¿Y que yo renuncie al- arte? ¡Pues si no renunciases, bonito negocio! -exclamó el enamorado con exaltada vehemencia. ¿Te habrás figurado otra cosa, eh? Desde el momento en que Vicente Zegrí se llame tu marido, á tu marido pertenecerás, y él y sólo él podrá contemplar tus hechizos, oir tu canto y ver desatada esta cabellera. -Al hablar así agarró la profusa mata de pelo, sacudiéndola con furor apasionado. Púsose Laura más blanca que los encajes de su bata de seda; el tirón había dolido; pero ni la sonrisa se apartó de sus labios, ni un punto cambió la lánguida y acariciadora expresión de sus ojos. Dirigiéndose á Vicente con reposo y dulzura, le interrogó: ¿Me permites que te cuente un cuento oriental? Me lo refirieron allá en Rusia, donde he cantado hace dos inviernos, y donde tienen muchas ganas de que vuelva una temporadita. Pasándose la mano por la frente como para espantar una pesadilla, Vicente hizo con la cabeza señal de que estaba dispuesto á oir. -Parece- empezó Laura- -que hubo en Rusia, no sé en qué siglos, un rey muy malo y feroz, á quien le pusieron por sus desafueros y tiranías el sobrenombre de Iván el Terrible. Aunque con Dios no debía de estar muy á bien, el taso es que se le ocurrió construir una catedral magnifica, dedicada á un santo que allí le llaman Yassili Blagennoi, lo cual significa el Bienaventurado Basilio- ¿Y qué tiene que ver? -murmuró Vicente, no sin impaciencia. -I Aguarda, aguarda! El rey buscó mucho- tiempo arquitecto capaz de comprender toda la suntuosidad y grandeza que él deseaba para la catedral, hasta que por fin se presentó uno con un plano asombroso, que dejó al rey encantado. Elevóse el templo, y fué pasmo y admiración de todos; y el rey, contentísimo, colmó de regalos y de honores y distinciones al arquitecto. -Un día, terminadas las obras, le llamó á palacio y le preguntó si se creía capaz de erigir otro templo tan magnífico y sorprendente como aquél. El arquitecto, lisonjeado, res- k pnniiió í. ii. la Li i- peraba idear nuevo edificio que superase al prime M in! u lk- i y f. -p i! ii. I. atonces el bárbaro del rey, sirviéndose del agudo i- iiizi. ili- liii- nii i ¡n- i- j (siempre á la cintura, le vació al pobre arquitecto