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día para ser destruidas al siguiente. Sien se notaba al ftiismo tiempo que el personal de la cabalgata no estaba reclutado entre la ridicula comparsería de los teatros; hombres y mujeres eran modelos acostumbrados á vestir la clámide y á calzar el coturno; á expresar, en una palabra, con su actitud el pensamiento del artista. La corheille de Muñoz Degrain y Moreno Carbonero formaba á vanguardia de la cabalgata y era la más animada, por no tener el carácter histórico ó mitológico de las que la seguían en la formación. Dos bueyes arrastraban un ran cesto de flores, dentro del cual veinticinco ñiflas representaban otras tantas flores, merced á los disfraces tan artísticos como ingeniosos. LA OABROZA B L E O T O R A L Tras ella marchaban, como si acabasen de vencer unas carreFuera de concurso ras en el Circo Máximo, los carros romanos, construidos por los hermanos Garnelo y tirados por cuadrigas. Sobre cada carro iba un guerrero y una matrona, que apretaba junto al corazón el premio de las carreras romanas: una pequeña estatua de la Victoria. La carroza de Benlliure y Cardona titulábase Culto á Baeo, y era una preciosa alegoría de las fiestas dionisiacas. Sobre una gran tinaja etrusca con adornos de mucho carácter, cabalgaba un hombre representando á Baco. Sobre las esquinas delanteras alzábanse dos hermosos jarrones romanos; en las otras, dos fuentes romanas también del más puro estilo. Cuatro bueyes en lanza tiraban de esta carroza, llena de relieves alegóricos y ocupada por doce bacantes. Simonet y Marinas son los autores de la carroza siguiente, titulada Culto á Yesta. Sobre un pedestal alzábase la estatua de la diosa; delante, y en otro pedestal más bajo, ardía el fuego sagrado. Cuatro artísticos pebeteros pompeyanos rompían la dureza de las esquinas, y rematando éstas por la base había cuatro mascarones representativos de la boca ventas, donde los romanos depositaban las peticiones dirigidas á los dioses. Seis vestales ocupaban esta carroza, tirada por bueyes adornados. El Palanquín de Luna Novicio, llevaio á hombros y escoltado por una veintena de soldados con lanzas, era también de mucha propiedad y mny artí- tico. Tilles han sido las carroza que po lemos llamar oficiales La iniciativa particular contribuyó á la esp endidez de la flesta con las carrozas siguientes, en las que no inc uímos infinidad de coches adornados con flores ó conduciendo alegres mascaradas. La perla del Turia. Fué la última carroza C O K B E I L L B LA y K I M A V E R A en llegar al campo de batalla; pero una vez en Recoletos, atrajo las miradas de todos, que aplaudían el gusto artístico peculiar de los valencianos. Figuraba una enorme perla en un mar de gasas, y estaba adornada con infinidad de camelias traídas de Valencia, de Cartagena y Murcia. Un grupo de delfines formaba la parte delantera de la carroza; detrás, una parejita de niños ricamente r- -c- -r- vestídos con trajes de la huerta. í Seis muías enjaezadas según la costumbre del país tiraban i del carro, tras el cual seguían tres parejas valencianas en srndas muías, tres írríípas de las típicas en aquella tierra. La carroza del Círculo Industrial era simbólica. En el centro alzábase una chimenea de fábrica, adornada en sus w- costados con atributos industriales. Una aifia representando la Industria iba en el frente sentada bajo dosel verde, y como detalles animados, una Minerva de imprimir tirando cromos y una fragua en ignición. Carroza de la Gran Peni. Los socios de este Círculo encargaron la construcción de su carroza á los acreditados escenógrafos Busato y Amallo, que fabricaron una artística cocina con enorme perol en medio. Los socios de la Peña, vestidos de cocineros, arrojaban infinidad de flores que sacaban de aquel perol inagotable. No contribuía poco á la brillantez de esta carroza el tiro, formado por cuatro troncos de caballos montados por marmitones. CARROZA DE LA GRAN PEÑA ante maceta de claveles